Opinión

¿Arte? ¿moderno?

10 febrero 2017 5:0
 
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Carlos Fuentes

Uno. Me ocupo de tiempo atrás de una Poética (mezcla de sociología y espíritu de una época), de los 60’s en la Ciudad de México (yo de los 18 a los 28 años de edad). Década que sin rebozo califico de Segunda Revuelta Cultural, correspondiéndole la primera al Modernismo de José Juan Tablada y compañía y al Ateneo de la Juventud de Alfonso Reyes y su gente.

Dos. Tal y como ocurrió con el período 1898-1929, de la salida de la Revista Moderna a la campaña presidencial de José Vasconcelos, en los 60’s se da una tenaz correspondencia de las artes todas. Letras, pintura, teatro, diseño gráfico, música y cinematografía (y no faltará quien añada a la arquitectura).

Tres. Doy ejemplos. En la literatura, la madurez de la Generación de Medio Siglo, la irrupción de las de Casa del Lago y de La Onda (la mía cronológica) y el boom¡ de la Nueva Novela Latinoamericana (dos nombres locales: Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez). En las artes plásticas, el movimiento de La Ruptura y sus embates a la Cortina de Nopal (un Muralismo ya seco de su inicial savia).

Cuatro. En las tablas, el Teatro Experimental Universitario (Héctor Mendoza, Juan José Gurrola, José Luis Ibáñez). En el diseño gráfico, las innovaciones en el cartel, las portadas de los libros y la diagramación de revistas. En la música, el contra-nacionalimo. En la cinematografía, la Revista Nuevo Cine y el Primer Concurso de Cine Experimental.

Cinco. Me detengo en la pintura. A partir de los 90’s, lugar común se ha vuelto la certeza del maridaje de un disque Arte Moderno, sus mercaderes, y la gestión en numerosos Museos y Galerías, oficiales y privadas. Traigo a cuenta dos críticas sin concesiones.

Seis. En primer término el tema de la exposición con la que abre la turbadora película Animales nocturnos: mujeres de edad avanzada y paños menores, sobradas de peso y formas, cada una en su pedestal, unas de pie otras acostadas, emulando la danza de jovencitas a medio camino entre el “tubo” y el “streap-tease”.

Siete. Muestra terrible de “arte”, último grito del “galerismo” tramposo, que no pude menos que llamar “boterismo porno” (por la volumetría femenina del pintor Botero y la zafia intención erótica).

Ocho. En segundo término, lo que sobre este disque Arte Moderno sostiene Manuel Felguérez, integrante del movimiento de La Ruptura, uno de los indudablemente consentidos del aparato oficial cultural, en una entrevista concedida a Antonio Díaz (Crónica, “Cultura”, 4 de enero de 2017, p.17).

Nueve. Afirma Felguérez: “Habrá cuando mucho un 10% que aceptó que está bien, pero la mayoría de las nuevas creaciones me parecen vaciladas”.

Diez. De aquel aguerrido puñado innovador de la pintura de los 60’s (Cuevas, Carrillo, García Ponce, Gerzo, etcétera), Felguérez no se contó entre mis preferidos (Cuevas, Carrillo). En su famoso mural del Cine Diana, “Mural de Hierro”, encontré más tamaño que propuesta. Impresión que ratifiqué en la exposición dedicada a La Ruptura en el MUAC del Centro Cultural Universitario.

Diez. Pero comparto el comentario, demoledor. “Vaciladas”. Añado: vacilón, superchería, tomadura de pelo. Arte más que Moderno, Marca. Marcas impuestas por el mercado internacional de las artes visuales, seguidas sin chistar allá y aquí. Y ya se sabe que la etiqueta suele ser desmentida, refutada, por el contenido.

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