Opinión

Arrogancia azul

 
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PAN.

El 19 de mayo pasado, escribíamos en este espacio que la jornada electoral del 5 de junio se vislumbraba como sombría y anticipábamos la debacle del PRI, pronóstico que provocó incredulidad y en algunos casos hilaridad; sin embargo, la cruda realidad dejó callados a aquellos que rebosaban de optimismo.

A dos años y medio de las próximas elecciones presidenciales, el PAN, con razón, se regocija y anticipa su victoria, mientras que el PRI y sus aliados cavilan sobre las causas del desastre y prometen corregir a la brevedad.

Lo que es un hecho, es que el resultado electoral cambió súbitamente toda la prospectiva política y metió a la ecuación la enorme posibilidad de que en el 2018 se concrete otra alternancia en la Presidencia de la República.

Sin embargo, es muy pronto para cantar victoria. La arrogancia azul no les ha permitido analizar con detenimiento sobre las variables, algunas se enumeran, que los llevaron al triunfo y éstas no van a permanecer inertes en los próximos meses.

• La mala actuación de los gobernadores posibilitó que hubiera alternancia en ocho entidades.

• La alianza con el PRD fue definitiva para ganar en tres estados: Veracruz, Quintana Roo y Durango.

• El hartazgo de la población ante la clase política que no logra resolver los problemas torales que la agobian como la inseguridad, la adversa situación económica y la corrupción.

Por otro lado, la soberbia del PAN, no le permite sopesar que le falta librar la madre de todas sus batallas, la que se dará al interior de ese partido. Las huestes de Ricardo Anaya, Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle tienen posiciones irreductibles e irreconciliables, por lo que ya se vislumbra un choque de trenes.

Cierto es que Acción Nacional dio un paso importante en sus aspiraciones y también es verdad que el PRI va en picada, pero, insistimos, el auténtico enemigo del PAN está en su seno, mientras no resuelvan ese tema la escisión está a la vista, de hecho ya hay declaraciones en corto de Margarita Zavala de insinuar la vía independiente para alcanzar la máxima magistratura.

Mientras tanto, las circunstancias hacen que emane el cobre. La inmadurez de Anaya se hizo evidente al humillar con sus declaraciones triunfalistas a todos aquellos simpatizantes y militantes del PRI, PVEM y el PANAL. Su falta de humildad lo hizo ver pequeño ante sus predecesores, aquellos que le dieron prestigio al blanquiazul, Manuel Gómez Morín, Manuel Clouthier, Carlos Castillo Peraza y Luis H. Álvarez deben estarse retorciendo en su tumba, ante lo imberbe del bisoño líder.

Decir que el PAN ganó por su estrategia de comunicación electoral es falso. Aseverar que llevar en los spots a Ricardo Anaya fue la punta de lanza para que ese partido tuviera resultados inéditos es mentira. Asegurar que el PAN está a un paso de recuperar la Presidencia de la República es arriesgado.

Del lado del partido del gobierno, sería un error monumental considerar la renuncia de Manlio Fabio Beltrones, como si esta fuera la solución para remediar la improvisación, la incompetencia, la insensibilidad y el alejamiento de las causas y principios que dieron origen a ese instituto político.

Si el PRI-gobierno aspira a mantener el poder debe ser autocrítico y corregir el rumbo hacia la inclusión social y el desarrollo incluyente, hacia la extirpación del cáncer de la corrupción y la impunidad. Aún es tiempo de avistar el horizonte con altura de miras y con visión de estadista.

Así las cosas, algunos funcionarios caminan al patíbulo y otros evalúan dejar el barco ante su inminente hundimiento.

Habrá que recordar que ni las derrotas ni las victorias son para siempre y menos en política.

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