Opinión

Arranque incierto

    
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voto

El proceso electoral 2018 da el banderazo de salida. Las encuestas han mostrado que la contienda por la presidencia podría en un principio ir a tercios y luego decantarse en dos principales contendientes, una especie de segunda vuelta informal en la que los electores definen dos polos que llegan fuertes hasta el final, mientras que uno de los tres originales se va desinflando. A reserva de si se cumple ese escenario o no, se espera una elección altamente competida, incierta y muy interesante.

El partido en el gobierno va contra la corriente, con niveles de insatisfacción ciudadana que no se recuerda haber visto en elecciones anteriores. Sin embargo, el PRI tiene el voto duro más nutrido. Según la encuesta de EL FINANCIERO realizada en junio pasado, los priistas en todo el país representan 18 por ciento del electorado. Esa casi quinta parte de los electores se puede volver hasta 25 por ciento dependiendo del nivel de participación. La candidatura que finalmente defina el partido para la presidencia de la República podría unificar o fracturar ese voto duro, por ello hay una gran expectativa de quién será finalmente el abanderado tricolor. Además, si el PRI forma la alianza con los partidos PVEM, Panal y, quizás, Encuentro Social, podría tener de cuatro a cinco puntos adicionales para su causa.

El PAN y el PRD han anunciado su intención de ir juntos en alianza, con Movimiento Ciudadano como tercero del grupo. La insistencia en formar tal alianza antes de una candidatura envía señales positivas y negativas. Del lado positivo, un Frente Amplio de centro-derecha a centro-izquierda suena muy atractivo para captar votantes moderados, centristas, lo que los politólogos llaman el votante mediano. Por el lado negativo, la insistencia de formar la alianza envía el mensaje de que el PAN solo no se anima a tratar de ganar la elección, y que necesita al PRD para combatir dos frentes, el de la derecha con el PRI y el de la izquierda con Morena. Según la encuesta de junio, los panistas representan alrededor de 12 por ciento del electorado, mientras que los perredistas son, hoy por hoy, apenas entre 3.0 y 4.0 por ciento. De ellos, no faltará quien opte por irse con Morena ante la alianza con el blanquiazul.

Morena como partido ha crecido de manera importante en un periodo corto de tiempo, y su virtual candidato a la presidencia es incluso más fuerte que el partido mismo. López Obrador va por su tercer intento para ganar la presidencia y los vientos a su favor parecen más fuertes que nunca: el descontento social, los temas que van cobrando más importancia como la corrupción, y un estado de ánimo que favorece el cambio. Las probabilidades de Morena para ganar las elecciones son altas y podría ser uno de los dos finalistas en ese patrón que tiene el electorado de definir dos polos al final de la contienda. De ser así, los pronósticos finales dependerán de cuál de las dos fuerzas políticas llega más fuerte: el PRI o el Frente Amplio encabezado por la alianza PAN-PRD.

Las opciones independientes no han lucido fuertes rumbo a la elección presidencial. Pero lo natural de las candidaturas independientes es su espontaneidad, así que no sabremos muy bien qué nos deparan hasta que se definan formalmente. Su crecimiento puede dañar a Morena, ya que la fuerza de su candidato presidencial se basa fundamentalmente no en un voto duro, que representa 10 por ciento del electorado nacional, sino en las simpatías del electorado apartidista, que es poco más de la mitad (52 por ciento). Si la o las opciones independientes se vuelven atractivas, es de ahí de donde van a jalar más votos, en detrimento principalmente de Morena, aunque también de la alianza PAN-PRD.

La tasa de participación jugará un papel preponderante en las elecciones. Si los candidatos y sus ofertas políticas logran activar e interesar al electorado, podemos esperar una participación arriba de 60 por ciento. Si no resultan atractivas o se vuelven muy sucias y negativas, bien podríamos esperar una participación por debajo de 60 por ciento. Tener cinco millones de votantes más o cinco millones menos podría inclinar la balanza hacia alguna opción en una escenario muy cerrado de competencia, así que el tema participación será crucial. Por lo pronto, podemos decir que, puntos más o puntos menos en las posiciones de salida, el arranque es completamente incierto. Así es la democracia electoral.

Twitter: @almorenoal

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