Opinión

Aros de plata en el ruedo


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Toros

Don Manuel de Haro Cano fundó junto con su esposa, Marta González, la ganadería De Haro; corría el año 1966. El rancho La Laguna (ubicado en Terrenate, Tlaxcala) recibió 45 vacas y un toro, del hierro tlaxcalteca de La Laguna, lo que fue simiente para dar comienzo a una legendaria ganadería de toros bravos en nuestro país.

El debut vino en Huamantla, Tlaxcala, al año siguiente; ciudad en la que en 1954, don Manuel junto con otro grupo de ilustres tlaxcaltecas, entre los que se encontraban el ganadero de Piedras Negras, don Raúl González González, y el ganadero de Tenexac, Sabino Yano Sánchez, dieron origen a la popular Huamantlada.

El campo bravo es la base y sustento de la fiesta brava, sus historias y leyendas resultan fascinantes. Generación tras generación, tal y como sucede en los potreros, las familias ganaderas van heredando su concepto de bravura junto con la pasión por esta vocación, además del profundo amor y afición a la fiesta brava.

La bravura —sin entrar en mayores detalles— es el instinto de esta raza por acometer. La bravura tiene múltiples matices en la forma de embestir, y aquí es donde el concepto de cada ganadero influye para definir su vacada, siempre buscando mantener un alto grado de bravura en sus animales para que éstos la muestren ya sea en la plaza de tientas o en la plaza de toros.

Los ganaderos que tienen claro su concepto de bravura y mantienen un plan a largo plazo son los que realmente trascienden. Como es lógico, siendo esta vocación y forma de vivir, de muy alta complejidad, existen rachas en las que el ganado tiene mejor desempeño y embiste de forma que se adapta más al gusto de los toreros y los públicos. Lo admirable es mantenerse fiel a una convicción, a una manera de vivir y de entender la fiesta, aun cuando las cosas no salen bien. La familia De Haro ha sido capaz de mantener esta visión a lo largo casi de cinco décadas.

El año entrante se cumplen 50 años de la fundación de “los toros de plata”, y espero que las empresas tengan la categoría y visión de homenajear un hierro importante que pasa por un gran momento, dándole al público la ansiada variedad en la formación de carteles.

Don Manuel murió en el año 2003, pero tanto su concepto de bravura como su forma de entender la fiesta, los supo heredar a sus hijos: Manuel (QEPD), Jorge (ganadero de La Antigua), Vicente, Antonio (ganadero de De Haro), Ignacio (ganadero de Tepeyahualco) y Pablo (ganadero de Xalmonto). Cada uno de ellos a su vez ha ido matizando este concepto general de bravura conforme a su manera de sentir la embestida, eso sí, siempre honrando a su padre y a su madre al mantener como bandera principal de sus hierros el ingrediente más importante de esta Fiesta, que es la bravura del toro.

En estos tiempos donde la sociedad está corrompida por la ambición; donde vale más quien más tiene y consume; donde los valores del respeto, honor y tradición pueden sonar arcaicos, siempre es un gusto y una bocanada de aire fresco ver salir por la puerta de toriles un toro cárdeno, orgulloso de su estirpe trabajada a lo largo de 50 años, vanidoso de su lámina, de sus armónicas hechuras y de su insuperable belleza color plata, defendiendo los valores de la familia, la convicción por mantener una idea a base del sacrificio, del trabajo y de amor por lo que se hace, donde no hay resultado fácil ni fortuna inmediata. Las cosas para que valgan deben conseguirse con esfuerzo, sacrificio, dedicación y pasión.

Los Aros de plata de la familia De Haro nos recuerdan que la fiesta brava está llena de valores que debemos difundir y devolver a la sociedad.

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