Opinión

Aronson y la coalición antiiraní


 
Ante el inicio hoy de otra ronda de negociaciones atómicas entre Irán y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas más Alemania ––el canciller norteamericano, John Kerry, afirmó que “la puerta está abierta” para la diplomacia––, ¿quiénes son los enemigos del diálogo y de un eventual acuerdo que contribuiría a pacificar Oriente Medio?
 
La cada vez más inocultable “coalición israelí-sunita contra Teherán”, en palabras del periodista hebreo Ben Caspit, quien explica que dentro del “nuevo pensamiento” estratégico del gobierno de Benjamin Netanyahu, luego del arreglo ruso-estadounidense para el desarme químico sirio, la región queda dividida en el “eje chiita” encabezado por Irán y con alcance hasta “Sudán y Eritrea”, así como en el “eje moderado sunita”, dirigido por Arabia Saudita y Egipto, a los que se añade, muy debilitado por el golpe militar en El Cairo, el frente Hermandad Musulmana-Turquía.
 
Que Netanyahu, manchado por el extremismo del rabino Ovadia Yosef, muerto la semana pasada, clasifique de “moderados” a la dinastía medieval saudita y un régimen con las manos llenas de sangre, sonaría a chiste si no fuera por la confluencia de intereses que los ha unido y que en tiempos de crisis salen a la superficie de manera inevitable. ¿Cuáles son esos intereses? Hoy, el núcleo se ubica en Siria. No es casual que Israel se haya pronunciado por la caída del presidente Bashar el Assad, pese a que se sabe que los “rebeldes” bendecidos por Kerry, la OTAN y El Riad son fanáticos que juraron exterminar a la “entidad sionista”.
 
Clérigo
 
Detalla Asia Times que sauditas e israelíes no le perdonan a Washington haber permitido la debacle del dictador Hosni Mubarak en Egipto, lo que se suma a la distensión con el nuevo presidente iraní, Hassán Rohani. Por eso, ante las dudas de Barack Obama para bombardear a Damasco por sus presuntos ataques químicos contra civiles, El Riad apuesta por el Ejército del Islam en Siria, banda de salafistas bajo el mando de Zahran Alush, hijo de un clérigo integrista saudí.
 
También Geoffrey Aronson, director de la Fundación por la Paz en Oriente Medio y él sí, un auténtico centrista, da cuenta de la “coalición” que asoma desde el closet, para destacar que le preocupa el fortalecimiento de Irán y, por ende, una salida favorable a sus objetivos en Siria. “Hay rumores ––dice en Al-Monitor–– de la necesidad de enfrentar y derrotar al incipiente involucramiento con Teherán conducido por Estados Unidos, incluyendo nociones tan extravagantes como el afianzamiento de una combinación Israel-Golfo Pérsico contra dicho esfuerzo”.
 
Si tan sólo supieran en La Meca, que ahora recibe la peregrinación anual del Hach, que la seguridad local corre por cuenta de una firma privada de “contratistas” hebreos...