Opinión

Argentina pagará

Pasaron 13 años para que se repitiera la historia. Aquella crisis económica en Argentina estalló en 2001, cuando el gobierno declaró la insolvencia de pagos. En poco menos de diez días tuvieron tres presidentes después de la caída de Fernando de la Rúa. Eduardo Duhalde permaneció el tiempo suficiente para convocar a elecciones y ser derrotado, o casi barrido por un líder carismático que iniciaría una dinastía política que hasta hoy permanece en el poder: Néstor Kirchner.

Pero hoy parece repetirse la historia. Ese elemento cíclico que parece empeñarse en reproducir escenarios, acontecimientos y sucesos protagonizados por distintos actores. Por eso la frase aquella de “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” persigue hoy a Cristina Fernández viuda de Kirchner provocándole pesadillas.

Que si los fondos son “buitres” como en efecto son llamados en Argentina, es incuestionable. Cuando lo sufrimos aquí y les llamábamos eufemísticamente ––más a la mexicana–– capitales golondrinos, pero son esos fondos de inversión rápida, de corto plazo, de alto rendimiento, que entran a un mercado, a una bolsa, se hacen de deuda, de bonos de la Hacienda nacional, cobran réditos y salen en periodos muy cortos. Toda América Latina ha sufrido estos vaivenes económicos con terribles consecuencias. El problema ahora es que esto llegó a la Corte, y no a cualquier tribunal. El juez Thomas Griesa en Estados Unidos había fallado ya a favor de los fondos para que Argentina cumpliera sus obligaciones. Pero el problema se fue a la Corte de Apelaciones a solicitud del gobierno argentino, para que se ordenaran medidas cautelares y se suspendiera la entrada en vigor del fallo Griesa.

El tema llegó hasta la Suprema Corte de Estados Unidos (EU), que rechazó el tema, con lo que avaló el fallo del juez Griesa. Las consecuencias son graves para Argentina: tan sólo el lunes se desplomó su Bolsa de Valores y el índice Merval cayó 10.1 por ciento; sufrieron pérdidas las acciones de empresas argentinas en Nueva York (algunas hasta en 20 por ciento de su valor); además, la cotización del dólar llegó a niveles de 12 pesos, cerrando en 11.85 ––el dólar libre–– porque el dólar oficial o controlado por el gobierno permaneció en 8.15 pesos. A esto sume usted el riesgo-país que emiten las calificadoras internacionales, que se elevó sensiblemente a 12 por ciento, mientras que el Banco Central argentino sigue desprendiéndose de reservas para contener la caída del peso. Ayer compró 40 millones por la mañana, pero las cifras señalan una pérdida de cerca de 10 mil millones de dólares en los últimos tres meses.

Ante este grave escenario, Cristina Fernández de Kirchner apareció anoche en cadena nacional ––su intervención número 17 en lo que va del año–– y anunció que Argentina es víctima de la extorsión de estos fondos pero dijo que cumplirá con las obligaciones pactadas. La cifra no es tan grave, son apenas mil 330 millones de dólares de dos de esos fondos de inversión (NML Capital Ltd, Aurelius Capital Management), pero el problema es el precedente que sienta con otros acreedores que exigirán lo mismo de inmediato. De aquella primera moratoria en 2001, Argentina logró renegociar la deuda total de unos 100 mil millones de dólares con cerca de 93 por ciento de sus acreedores. El restante 7 por ciento es parte de quienes presentaron la demanda ante una Corte en EU. Pero el antecedente para todos los países deudores en América Latina es grave, porque se plantea la inutilidad de negociar y renegociar con deudores y tenedores de bonos, si se resolverá por la vía judicial. Será la justicia ahora la que determine la negociación de las deudas internacionales. Por lo pronto, Cristina aceptó con seriedad el pago del próximo vencimiento a finales de junio por 900 millones de dólares. Después, y desde mañana, buscará negociar con los que faltan.