Opinión

Argentina frente al abismo

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil vio a la Selección de Irán poner a Argentina contra el muro de los lamentos. Los iraníes pusieron una barda de mampostería atrás, en su arco. Los argentinos atacaron sin armonía, soberbios y desesperados. Fue un largo viaje por el desierto en el cual los albicelestes estuvieron a punto de caer en las emboscadas de Irán. El portero Romero tiene mucho qué decir de los embates que repelió. Un buen partido, pese a lo que digan los comentaristas televisivos.

Los cronistas de su periódico El País afirman que a los argentinos les faltan laterales y centrales de categoría, que los volantes son incapaces de trazar un juego de talento, que Sabella se ha dedicado a desarrollar automatismos defensivos pero que ha fracasado en las aventuras creativas. Gamés considera que no hay que creerles mucho a estos cronistas pues están amargados porque España abandonó el Mundial a las primeras de cambio y entre sollozos: Xabi Alonso deja la selección, vencido por la edad y la tristeza; Xavi Hernández hace las maletas para jugar en Qatar por un puñado de euros, un puñado grande, por cierto; allá, Xavi les enseñará la magia del futbol.

El héroe trágico

Una corriente de opinión sostiene que Messi viene a menos. El propio Gil dio por hecho que la investigación sobre el dinero de los juegos de exhibición del astro argentino había afectado las circunvoluciones de su talento. Nada de eso, Gil vio a Messi jugar bien y de buenas con un equipo un tanto duro y poco flexible ante una selección incómoda. Cuando el partido agonizaba, Messi corrió fuera del área, de izquierda a derecha y en lateral, como lo hemos visto en el Barcelona. Cerca de la media luna del área, despachó un zurdazo de muerte al segundo palo. El portero Haghighi estiró el esqueleto, pero quedó corto y Argentina dio un paso firme a los octavos. Argentina 1, Irán 0.

Messi es un líder extraño, de pronto parece que no quiere serlo y que pagaría por volver a la cancha de su infancia. Por lo menos no parece un líder como lo fue Maradona. Messi no es trágico, Maradona, sí. Una gran figura habita la realidad y la mitología del futbol: el héroe de la tragedia. Este es el guión: el jugador que lo obtuvo todo: dinero, fama, éxito a montones hasta que un día, víctima de su temperamento, se despeña desde lo más alto del triunfo para conocer el infierno del juicio social, la soledad y la sombra que le habla al oído recordándole la altura desde la cual se ha derrumbado.

El jugador que resume a tantos y tantos jugadores perdidos en el laberinto de la fortuna es Diego Armando Maradona, el gran futbolista, el hombre más querido de Argentina, un hombre tocado por la maldición del talento inaudito, diestro e inteligente. Maradona hizo su primera fortuna y sus primeros escándalos en Italia, en el Napoles. Dinero y apuestas, la fiesta interminable y el imán de un carácter que se ganó jugando como en un sueño infantil. A todos los ídolos los persigue el fantasma del derrumbe, un llamado desde la oscuridad, una duda: ¿mi éxito es inmerecido?

La historia es más o menos conocida: drogas, una vida privada que se vuelve pública, dinero a manos llenas, suspensiones por dopaje, clínicas de desintoxicación hasta el día en que Maradona apareció destruido por la obesidad. Un héroe había caído para siempre. La antípoda de Maradona es Pelé, el empresario dedicado a administrar su éxito y su dinero, su pasado glorioso y su presente político en la industria del futbol. Nadie sabe hacia qué extremo se inclinará Messi, su vida profesional es una lámpara votiva.

La hora de la verdad

A estas horas (se les llama de la verdad) México habrá saltado al campo de juego para enfrentar a Croacia. Si la selección juega como lo hizo frente a Brasil, hay una probabilidad alta de que le arranquemos al juego un punto, suficiente para clasificar, o incluso de que el equipo se lleve al vestidor tres puntos. Creo que el juego de Croacia le incomoda a México, y mucho. No importa, todos en oración.

La máxima de Fitzgerlad espetó dentro del ático de las frases célebres: “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”.

Gil s’en va