Opinión

Archivos accesibles. Clave de certidumbre política y económica

 
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AGN. (http://www.gob.mx/agn/archivo/acciones_y_programas)

Los archivos públicos fueron y son –en las latitudes de la modernidad económica y política– un lugar de enorme importancia. No solamente entrañable para una nación desde una convicción cívica. Los archivos son recintos en que radica la memoria, la expresión documentada del orgullo a la pertenencia y también las crónicas de las desventuras, las cicatrices de la convivencia organizada al detalle.

Pero además, existen motivos pragmáticos, funcionales, de rentabilidad económica para destinar a los archivos el crédito que merecen. Y, por tanto, el personal, las tecnologías y la infraestructura suficientes. Un presupuesto adecuado, que garantice certezas de que la información que contienen los expedientes de cada registro, son el resultado de una labor especializada, rigurosa y por tanto confiable. Los procedimientos archivísticos preservan la información según su valor y eso es una cuestión de cánones universalmente aceptados.

No hubo imperios sin un archivo confiable. Un ejemplo, el Archivo de Simancas (Valladolid, España) fundado en 1540 por órdenes de Carlos V.

Una poderosa razón por la que lo creó fue para tener certidumbre sobre los registros de las actividades económicas del reino, especialmente las calidades y cantidades de los traslados de bienes (incluidos los preciados metales) de las Indias occidentales, las promisorias posesiones de ultramar y viceversa y en ello también de los saldos reales de los accidentes de navegación de las embarcaciones incluidos los frecuentes ataques de piratas a lo largo y lo ancho del océano que une y/o separaba a las colonias de la metrópoli.

En pocas palabras, la corona tenía motivos para poner orden los relatos y referencias de cada actividad de los barcos y de los puertos. ¿Porque?

Por las constantes malas explicaciones o versiones discrepantes al respecto que, naturalmente, unas u otras obedecían a intentos o efectos consumados de corrupción.

En la era digital, la certidumbre sobre los registros informativos de orden público sigue siendo un problema a resolver y nuevamente, son aquellas democracias avanzadas las que cuentan con archivos actualizados y accesibles.

La confianza para las inversiones, para las exportaciones y las importaciones encuentran su base en la certeza de los registros de cuanto acontece y de lo que ha sucedido en esas plazas de vocación comercial o industrial. Los precedentes son un punto determinante para la edificación de planes y objetivos de progreso y desarrollo económico.

Los archivos no son esos espacios cerrados saturados, formados de montones de papeles viejos. Ni siquiera los archivos históricos son ni debieran ser eso.

Mucho menos los archivos modernos en que la mayor parte de la información se aloja en documentos digitales, debidamente clasificados y lo importante: actualizados y accesibles.

El mes de septiembre se llevó a cabo en Seúl, Corea del Sur, el Congreso Internacional de Archivos (cita de cada cuatro años) y las principales conferencias y páneles se dedicaron a reconocer las impresionantes innovaciones que las nuevas tecnologías de la información ponen al servicio del registro perdurable de la información, equipamiento de vanguardia, procedimientos e instrumentos y herramientas tecnológicas para garantizar certidumbre en la era de la globalización.

Y en esa vertiente de un evidente interés económico y político sobre la trascendencia de contar con esquemas de archivos funcionales y modernos, se viene incrementando el enfoque de soluciones para evitar riesgos mayores al tratar los contenidos de información confidencial (datos personales sensibles) y de información de datos personales comerciales dentro de los archivos públicos y privados.

El Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI) acompañando al Archivo General de la Nación (AGN) tendrá una delicada misión, una vez que tengamos la ansiada Ley General de Archivos ,de la que se afirma existe un proyecto de iniciativa en el Senado de la República.

El INAI puede y debería ser un catalizador del cumplimiento básico de las tareas que se asignen por la ley a las instituciones públicas de la Federación y hasta de las estatales en un segundo plano, para cumplir con el rigor de contar con archivos eficientes.

Sin archivos no hay manera de garantizar acceso a la información pública y tampoco a lograr una tutela adecuada de los datos personales de la población en los archivos del sector público y en los del sector privado.

No podrá haber un sistema nacional de transparencia y uno de anticorrupción sin un sistema nacional de archivos. Para que haya rendición de cuentas, primero debe haber cuentas y los archivos son la base de todas las cuentas.

El autor es comisionado del INAI.

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