Opinión

Arabia Saudita: reflexiones desde México

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Arabia Saudita. (AP)

En enero del próximo año, el presidente Enrique Peña Nieto realizará una gira de Estado a los países de la península arábiga, de entre ellos al reino de Arabia Saudita, nuestro principal socio comercial en la región. Se trata de la primera vez que un presidente de México visita el país en los últimos cua#renta años, desde que fuera ahí Luis Echeverría en 1975. No sorprende pues que en México tengamos escaso conocimiento de lo que ocurre en esa parte del mundo. El CIDE publicó una encuesta en la que encuentra que la población mexicana –en general y entre los líderes– valora de manera más desfavorable al Medio Oriente que al resto del mundo (“México y las Américas 2004-2014”). Y sin embargo, a pesar de nuestro escaso interés y de nuestros prejuicios, Arabia Saudita desempeña un papel fundamental en el orden internacional.

Arabia Saudita es el país más grande, poblado y poderoso de la península arábiga, siendo la mayor parte de su población de confesión sunita. Es importante por motivos trascendentes: ahí se encuentran La Meca y Medina, las dos ciudades santas de los musulmanes, que representan 25% de la población mundial. Y por motivos económicos: es el primer productor y exportador de petróleo crudo en el mundo. Su peso en el mercado energético es tal que con el apoyo de sus socios de la OPEP logró bajar los precios del petróleo para sacar del mercado a los nuevos productores de gas shale. Además, el reino saudita ha sido uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en su estrategia de seguridad y estabilidad en el Medio Oriente.

Sin embargo, Arabia Saudita tiene varios desafíos en la mira. Ha perdido influencia con respecto a otros países del golfo, que ofrecen al mundo imágenes de modernizaciones exitosas, tanto en lo económico, como en lo social. Ha perdido también peso frente a otros actores regionales como Irán, que ha extendido su predominio sobre otros países de la región, en particular los que tienen población mayoritariamente chiita. El fin de las sanciones económicas a Irán, como resultado del acuerdo nuclear, traerá un flujo importante de recursos financieros a este país, lo que le permitirá fortalecer aún más el alcance de su política regional.

El enfrentamiento histórico entre las dos principales ramas del Islam, chiitas y sunitas, atraviesa uno de los ciclos de mayor violencia. La guerra civil en Siria es una de las manifestaciones más agudas de este conflicto entre Arabia Saudita e Irán.

Los gobernantes en Arabia Saudita se enfrentan también a problemas internos, como la inconformidad de buena parte de sus habitantes ante el status quo y en especial al custionamiento a la monarquía. Las dificultades para hacerle frente al malestar de la población se derivan de las características del régimen político. Al ser una monarquía absoluta, la sucesión es el asunto fundamental. Las reglas para ascender al trono son complejas, impiden el relevo generacional oportuno –sube al trono siempre el miembro de la familia real de mayor edad– y tratan de garantizar a un precio muy alto los equilibrios entre las distintas ramas de la familia. Hay quienes aspiran a que en la futura sucesión ascienda al trono un príncipe más acorde con los tiempos. El príncipe heredero, Mohammed bin Nayef, es un hombre que cuenta con lazos estrechos con políticos norteamericanos, pero no se le ven intenciones de reforma, mientras que el príncipe heredero “adjunto”, Mohammed bin Salman –un hombre de treinta años– parece para algunos el candidato idóneo para intentarlo.

La reforma dentro de Arabia Saudita es indispensable, aun cuando sea paulatina. Conviene al mundo que Arabia Saudita permanezca como un actor influyente para procurar la estabilidad en una región de por sí compleja. Es necesario, sin embargo, reformas fundamentales a sus códigos civiles y penales de manera que respeten los derechos humanos de sus ciudadanos y eliminen métodos de tortura medievales, así como la pena de muerte. En particular, reconocer los derechos de las mujeres es una asignatura urgente. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos ha alertado que el Estado saudí debe respetar sus compromisos suscritos en convenciones internacionales.

Aunque los veamos de lejos, Arabia Saudita y el Medio Oriente deberían interesarnos. La paz y seguridad internacionales pasan por la atención a los conflictos sociales y políticos en esta parte del mundo.

Twitter: @lourdesarandab

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