Opinión

Aquellos días santos para el peso


Sólo quienes hoy tengan más de 70 años se acordarán bien. Era el Sábado de Gloria y corría el año de 1954.
 
Muchos mexicanos estaban de vacaciones. Acapulco era el destino trendy. Quienes podían, iban a visitar el puerto y sus atractivos.
 
Unas semanas atrás, la película De aquí a la eternidad, la de ese inolvidable beso en la playa, con William Holden y Audrey Hepburn, había ganado el Oscar al mejor filme, y ellos a los mejores actores.
 
En nuestro país, era el tiempo en el que se había rodado la película Escuela de vagabundos, con Pedro Infante.
 
En ese mismo año, México participó en el Campeonato Mundial de Suiza, donde perdió los 2 juegos que disputó.
 
Brasil nos puso una goleada de 5 a 0, y con Francia perdimos 3 a 2.
 
Para la anécdota, uno de los 2 goles anotados en ese Mundial fue de Tomás Balcázar, el abuelo del Chicharito.
 
Bueno, pues el sábado 17 de abril de aquel 1954, el secretario de Hacienda del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, Antonio Carrillo Flores, daba una sacudida a los mexicanos: anunciaba desde sus oficinas del Palacio Nacional una nueva devaluación del peso frente al dólar.
 
Y no era un ajuste pequeño. Se iba a pasar de una paridad de 8.68 a los míticos 12.50, que nos acompañaron por más de 22 años.
 
La historia era la misma de siempre. Hubo desequilibrio en nuestras cuentas externas y las reservas se habían ido para abajo. Así que ni modo, la depreciación de 44% era una de las medicinas para esa enfermedad.
 
¿Quién iba a pensar entonces que habría otro momento en nuestra historia en el que el problema no sería la devaluación, sino la apreciación del peso?
 
Aunque el tipo de cambio de nuestra moneda en las ventanillas bancarias anda nuevamente cerca de 12.50 por dólar, en realidad se trata de una ilusión óptica derivada de la eliminación de los 3 ceros ocurrida en 1993.
 
La paridad, en realidad, es de 12,500 por dólar de aquellos viejos pesos. Sin embargo, con todo e ilusión, ha regresado la emblemática tasa de cambio de los 12.50.
 
Y ahora, a diferencia de los tiempos en los que el peso se derrumbaba una vez tras otra, resulta que está terminando marzo con una cotización que es casi 12% más baja que la que había hace 4 años.
 
Pero si no consideramos sólo la paridad nominal, sino la real, en relación con el dólar, entonces la revaluación es de 18%.
 
Antes, los dólares se iban, las reservas se perdían y se tenía que devaluar.
 
Hoy llegan dólares al por mayor y las reservas no dejan de crecer. El resultado es el 'superpeso', que se ha instalado en el país.
 
Y hoy la gente puede salir de vacaciones sin temor de un nuevo 'sabadazo'.
 
Por mucho tiempo, durante los días hábiles bancarios de la Semana Santa subía la demanda de dólares, no sólo por las vacaciones, sino por las compras que hacían quienes tomaban sus providencias por aquel recuerdo de 1954.
 
Pero más vale que no andemos en las nubes.
 
La historia nos muestra que no siempre tendremos estas paridades.
 
Algún día los países industrializados van a abandonar sus políticas de dinero fácil y a subir sus tasas de interés.
 
Esperemos que ese hecho no ocurra simultáneamente en todos lados ni que se presente de manera abrupta.
 
Pero aun cuando la medida se hiciera con cuidado, los dólares que hoy están con nosotros se van a ir y la paridad del peso frente al dólar va a volver a incrementarse.
 
Esa historia es inevitable... salvo que los capitales que lleguen a México ya no lo hagan por los rendimientos atractivos o la estabilidad de las finanzas, sino sobre todo por las expectativas de crecimiento de nuestra economía.
 
Pero por lo pronto, aquellos días santos de 1954 ya quedaron muy lejos.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx