Opinión

Aquel 1 de julio de 1980

 
1
 

 

Deportes

Han quedado atrás 35 años y hasta la fecha no sabemos exactamente qué pasó. Menos aún por qué sucedió. La cuestión, todavía hoy, no tiene una respuesta. Ese número de años, que comprende a más de una generación, se cumplieron anteayer 1 de julio. El día siguiente de aquella fecha, los lectores de periódicos, los televidentes y los radioescuchas, sobre todo los interesados en el tema, con toda seguridad se enteraron de la noticia, pero ni remotamente calibraron su importancia. Y por supuesto tampoco sus consecuencias.

En esa fecha algunos jugadores profesionales de beisbol se declararon en huelga. Ese año la Liga Mexicana de este deporte contó con veinte equipos. En consecuencia, debieron celebrarse ese día diez juegos, pero sólo se efectuaron ocho. ¿Qué supieron de esa jornada, un día después, los aficionados mexicanos a esta disciplina? Desde luego los resultados de los encuentros del día anterior. Probablemente algunos de éstos les parecieron poco comunes o quizá hasta curiosos. Pero por lo pronto, hasta ahí. De lo demás, apenas tuvieron alguna idea.

Significativamente, cinco de esos ocho encuentros terminaron en blanqueadas para los equipos derrotados, es decir, éstos no anotaron. Lo cual no es algo que comúnmente suceda.

Los dos juegos que ni siquiera se iniciaron fueron los que debieron celebrarse ese día en Poza Rica y en la Ciudad de México. En el primer caso porque el equipo contrario, el de los Ángeles de Puebla, llegó con mucho retraso a Poza Rica, con motivo de un contratiempo sufrido por el autobús que transportaba a los peloteros.

Y el choque a efectuarse en la Ciudad de México, un clásico Diablos-Tigres, tampoco se llevó a cabo a pesar de que a la hora en que debió iniciarse no cabía un alma más en el Parque del Seguro Social, hoy desaparecido. Los jugadores de los Diablos Rojos se negaron a salir al terreno de juego, en protesta porque un pelotero de los Tigres, es decir, del equipo contrario esa noche, de nombre Vicente Peralta, fue dado de baja, según la directiva felina por su bajo rendimiento; y según los peloteros de los Diablos, en represalia por haberse afiliado a la Asociación Nacional de Beisbolistas, Anabe.

Al conocerse la noticia de lo ocurrido aquel día, nadie imaginó las gravísimas consecuencias que ese hecho llegaría a tener, no sólo en esa temporada de 1980 de la Liga Mexicana sino en la evolución y desarrollo del beisbol en todo el país. Han transcurrido desde entonces siete lustros y sus terribles efectos, de una u otra forma, perduran hasta la fecha.

Tengo perfectamente claro que en general no es recomendable remover heridas ni recordar sucesos infaustos. Pero han pasado desde entonces 35 años y considero que ahora sí, aun a riesgo de despertar algunas pasiones, que ni remotamente podrán tener la vehemencia que entonces tuvieron, entre otras razones porque los protagonistas de esos años ya no están en el escenario y algunos ya ni siquiera en este mundo. Se hace pues absolutamente necesario saber a ciencia cierta qué pasó y por qué. No puede seguir siendo éste un tema tabú. Mucho afectó a uno de los pasatiempos más populares y sanos que las familias mexicanas tuvieron por décadas.

También te puede interesar

Sin participación no habrá eficacia en la gestión pública

Noventa años de béisbol profesional mexicano

Una novedad de la reciente campaña electoral