Opinión

Apuesta apartidaria

  
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Elecciones

Desde hace tiempo he escuchado que las elecciones las definen los votos apartidistas, los votos que emiten esos electores que no se identifican ni sienten ningún tipo de afinidad con los partidos políticos. Como otras premisas del comportamiento electoral, esta tiene algo de cierto y también algo de exageración.

El peso del apartidismo varía dependiendo de lo cerrado que estén las elecciones, así como del número de opciones con el potencial de atraer votos no partidistas. Una mayor competencia obliga a los candidatos a buscar apoyo más allá de la base de sus seguidores leales, y los apartidistas son un terreno natural, aunque incierto, del cortejo. Además, tener a la mayor proporción de apartidistas de tu lado no garantiza ganar la elección.

Algunos ejemplos para ilustrar esto: en la elección presidencial de 2000, además de atraer un voto útil de la izquierda, Vicente Fox logró llevarse una buena porción de votos no partidistas, lo cual, sumado a una menor tasa de participación comparada con 1994, le ayudó a ganar la elección.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador obtuvo más votos apartidistas que Felipe Calderón, según mostraron los exit polls (encuestas de salida) de ese año, y nuevamente en 2012 el actual líder de Morena logró tener más votos apartidistas que cualquier otro candidato presidencial, incluso más que Enrique Peña, quien finalmente ganó la elección.

Los sondeos de preferencias rumbo a 2018 muestran que los apartidistas no están concentrando su intención de voto en algún presidenciable en particular. En la más reciente encuesta de EL FINANCIERO, realizada a finales de marzo, López Obrador atrae a 38 por ciento de los apartidistas, mientras que Margarita Zavala se lleva 30 por ciento y Osorio Chong 16 por ciento.

Entre los tres se llevan 84 por ciento del voto apartidista, pero ninguno logra una clara mayoría que le podría situar en mejor posición para ganar la elección. Por supuesto, esta medición está a 14 meses de los comicios, y todavía sin candidaturas definidas, por lo que el escenario puede cambiar.

La ventaja de ocho puntos que tiene el líder de Morena entre apartidistas no es despreciable, pero hay que recordar que la apuesta apartidaria tiene sus complicaciones. Para entenderlas, vale la pena analizar quiénes son los apartidistas y qué podemos esperar de ellos rumbo a las elecciones del próximo año.

La serie de encuestas nacionales de EL FINANCIERO de 2016 y 2017 indican que casi la mitad del electorado nacional es apartidista; es decir, no se identifica con ninguno de los partidos políticos. Según la encuesta más reciente, el apartidismo disminuye con la edad (los jóvenes son más apartidistas que los mayores) y aumenta con la escolaridad (los más escolarizados son más apartidistas que los menos escolarizados). En otras palabras, el apartidismo es más común entre los jóvenes y entre los mexicanos con estudios universitarios. Ninguno de esos grupos garantiza su voto a un candidato o partido.

Los apartidistas también son más consumidores de internet y redes sociales. Sin embargo, los apartidistas se interesan menos en la política y, por ende, suelen acudir en menor proporción a las urnas que los partidistas. Estos rasgos parecen contradictorios: ¿más escolarizados, pero más apáticos? Pero así es la realidad del apartidismo en México hoy en día. Ello significa fuertes retos para los candidatos y sus estrategas electorales. Se trata de votos no seguros, porque los apartidistas no están comprometidos con un partido ni es probable que acudan a las urnas.

Los apartidistas son muchos pero representan una apuesta riesgosa. Habrá que ver si una postura antigobiernista los moviliza en torno a una opción en particular en 2018, o si una buena parte de éstos ayuda a refrendar al partido en el gobierno atomizando sus preferencias en varias opciones. Los apartidistas son un segmento del electorado del cual hay que estar muy pendientes, ya que ellos son la principal razón de que las preferencias luzcan volátiles.

Twitter: @almorenoal

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