Opinión

Aprueba Parlamento Europeo cambios sustanciales en su sistema de Marcas

 
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Grecia UE Unión Europea (Bloomberg/Archivo)

Luego de dos años de negociaciones, finalmente el Parlamento Europeo ha dado el visto bueno al paquete de reformas más importante desde que el sistema de la Marca comunitaria fue implementado. La pretensión de los esfuerzos de actualización es el acercamiento de las empresas a los beneficios del sistema, al reducir algunas de las trabas y complejidades identificadas como barreras en el pasado.

Sin lugar a dudas, el sistema de la Marca comunitaria constituye el más avanzado mecanismo de protección de marcas en el mundo, al romper el paradigma de que el valor de los registros se limita al territorio del país que los expide; además, este Acuerdo permite la convivencia de los registros comunitarios con los otorgados en cada país, lo que ha representado un complejo desafío en términos jurídicos y comerciales. Para empresas de países como el nuestro la opción del registro comunitario es excelente, al brindar la cobertura de los 28 países del bloque a través de un solo trámite.

Uno de los cambios más esperados es el de la incorporación de normas que regulan las llamadas marcas no tradicionales, en particular las olfativas y las de sonido, que en el pasado solo podían ser tramitadas a través del apoyo de precedentes jurisprudenciales. Con la reforma, todas aquellas empresas que emplean sonidos para distinguir sus productos o servicios, o quienes cuentan con aromas peculiares podrán aspirar a la exclusividad que su registro implica.

Otros cambios están orientados a brindar mayor seguridad jurídica en relación a las marcas de certificación y las marcas colectivas. Las primeras, empleadas comúnmente para definir estándares de calidad de productores asociados de un mismo giro; las segundas, utilizadas por agrupaciones como elemento de distintividad para sus miembros o afiliados. En ese mismo sentido, las reformas contemplan ya la inter fase entre las Indicaciones geográficas y las marcas, aclarando los alcances de una y otra institución.

Una buena parte de los esfuerzos modernizadores fueron destinados a temas financieros entre la Oficina europea y las oficinas de marcas nacionales, así como a modificar las tasas que son cobradas a los solicitantes. Además, se definen diversos mecanismos de colaboración con las oficinas de los diversos países miembros de la Unión Europea, que en el pasado había sido una de las fuentes de continua tensión entre los sistemas.

Algunas otras modificaciones, a pesar de que parecerían “menores” por tratarse de cambios de nombres, tienen un significado rescatable. La primera de las enmiendas es para denominar a la entidad encargada de administrar el sistema como “Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea”, y el segundo de ellos es para dejar el viejo mote de “Marca comunitaria”, para adoptar el de “Marca europea”. Ambas modificaciones parecen orientarse hacia la confirmación del modelo de la integración económica de Europa, como clara respuesta a las dificultades que la “zona euro” ha enfrentado en los años recientes y que anunciaban su resquebrajamiento.

En tiempos de reformas necesarias para nuestro sistema de marcas, resulta aleccionador asistir a la de uno de los sistemas regulatorios de signos distintivos más voluminosos y complejos del mundo, que a pesar de las grandes dificultades y criterios encontrados de sus protagonistas, está arribando a acuerdos que permiten su evolución y sostenimiento. En nuestro país, ya con el TPP tocando a la puerta, no tenemos más tiempo que perder.

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