Opinión

Aprendiendo del sur

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dilma

Si no pasa nada raro, hoy se votará en el Senado el desafuero, destitución o “impeachment” de Dilma Roussef. El proceso, en Brasil, exige dos terceras partes de los votos en la Cámara de Diputados, que ya se lograron el domingo, y la mitad más uno en el Senado, que será el evento de hoy. Si ocurre, entonces Dilma dejará la presidencia en manos de su vicepresidente, Michel Temer, y se someterá a una investigación que debe durar un máximo de 180 días, al final de la cual el Senado decidirá si es o no responsable de lo que se le achaca, y con una mayoría de dos terceras partes la podrá remover definitivamente del cargo.

La acusación por la que inició el proceso es el manejo inadecuado de la contabilidad gubernamental para incurrir en un déficit no aprobado por el Congreso, dirigido a incrementar los programas sociales durante su anterior presidencia, con el objetivo final de ganar la reelección. Hay además otros procesos iniciados, varios de ellos por corrupción, que no formaron parte del “impeachment”. Todo el asunto de “Lava Jato”, el gran escándalo de corrupción asociado a Petrobras y a contratos otorgados a cambio de dinero no forman parte del actual proceso, pero sí son el marco de referencia, porque en ellos va acusado Lula, junto con centenares de políticos (incluyendo al vicepresidente, al presidente de la Cámara de Diputados, al anterior jefe del Senado, etc.).

De hecho, aunque ese gran escándalo de corrupción no sea el motivo del “impeachment”, sí es la causa de que Dilma haya perdido la votación en Diputados, y probablemente pierda hoy en el Senado. Ahora, el Partido del Trabajo, es decir, Lula, no pudo comprar a otros políticos, como había sido la costumbre. Y no pudo porque el enojo popular es tal, que los políticos entendieron que les salía mejor fingir decencia.

Esto es muy importante, porque ayuda a entender lo que significa el “impeachment”. Esta figura es el (casi) equivalente en un régimen presidencial del voto de confianza en el régimen parlamentario. Para gobernar en un régimen parlamentario es obligado contar con la mayoría de los legisladores, sean del propio partido o formen parte de una coalición. Cuando se pierde la mayoría, se pierde el gobierno. En un régimen presidencial se puede gobernar sin mayoría, como usted ha visto en México. Sin embargo, cuando hay una mayoría de legisladores abiertamente en contra, el asunto se complica mucho. En caso extremo, convendría retirar al presidente para evitar mayores daños, y para eso existe el impeachment. Por ser extremo, se asocia siempre a un delito, pero la importancia de éste depende de la situación política. Por eso perdió Dilma, porque las mayorías en Brasil no la quieren seguir viendo. Por la crisis económica, por el escándalo de corrupción, por el 7-1 de Alemania hace dos años, por las Olimpiadas que vienen, o por lo que sea.

El escándalo de corrupción ha llegado a este punto gracias a la independencia del Poder Judicial y a la habilidad y entrega de un puñado de jóvenes jueces que no sólo tienen a Lula al borde de la cárcel, sino que han detenido ya al principal constructor de Brasil. Porque la corrupción no ocurre en abstracto, y enfrentarla implica enfrentar a las élites política y empresarial, es decir poner al país al borde de una crisis total. No está claro lo que ocurrirá, pero creo que el futuro depende de la institucionalidad del ejército y de la guía moral de Fernando Henrique Cardoso.

Va otra vez: independencia judicial, funcionarios decididos, enfrentar a las élites, fuerzas institucionales y guía moral. Por si alguien quiere intentarlo.

​El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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