Opinión

Aprender a perdonar

Cuando era más joven, perdonaba lo que fuera. Vivía lastimada, dañada e insultada. Los novios que tuvo en esos años, su familia y algunos amigos, sabían que era incapaz de defender los límites de la dignidad. Pero el paso del tiempo y las experiencias erosionaron su permisividad; aprendió que el camino era no tolerar las ofensas y se mudó al otro extremo: hoy es implacable y jamás perdona ni olvida; a veces busca la venganza y guarda muchos rencores. Piensa que no perdonar, es un recordatorio de que nunca nadie volverá a dañarla. No perdonar ha sido su escudo y su defensa.

Creer que al no perdonar, nos protegemos de ser lastimados nuevamente, es una idea muy popular. Es verdad que el enojo protege y da la sensación de fortaleza; sin embargo, no perdonar nunca, lastima. Desarrollar la capacidad para hacerlo tiene efectos constructivos en la salud, en el estado de ánimo, en la sensación general de bienestar y en la construcción de una red de apoyo social.

No ha podido perdonar a su madre por haber trabajado tanto y tener tan poco tiempo para estar con ella. Muchas veces se sintió sola y vulnerable. La llevó a la guardería desde los dos años y como pasaba tantas horas ahí, tuvo que acostumbrarse a que ese fuera su hogar.

Tampoco puede perdonarle a su exmarido que se haya derrotado frente a la vida siendo joven y sano. Este hombre, de 48 años, decidió abandonar un día todas sus responsabilidades como padre porque creyó que la suerte lo había abandonado a él. Lleva años deprimido y no ha tenido la valentía de aceptarlo y tratarse.

No le perdona a Jorge el haberla querido tanto para después dejarla. Un día negro, mientras ella estaba segura de que eran felices, él fue a decirle que ya no sentía lo mismo, que las cosas se habían complicado; que la adoraba pero que hubiera preferido una relación más ligera; que ella lo había orillado, dijo, a comprometerse más; que después de dos años se daba cuenta que no quería hacerlo más.

Todos tenemos razones para hacer lo que hacemos. Nuestra historia personal puede habernos vuelto fríos, desapegados, egoístas, depresivos, poco amorosos o aterrados ante los compromisos de largo plazo. Lo único imperdonable es cargar con un rencor que duele las 24 horas del día. Intentar comprender a aquellos que nos han lastimado o decepcionado, entendiendo la afrenta personal como una falla humana, es un camino para perdonar. La gente hace lo que puede y rara vez tiene un plan maligno para dañarnos.

El perdón es más difícil para las mentes obsesivas. Cambiar el foco de la atención es otra forma de aprender a perdonar y requiere de práctica. Uno podría intentar decirse: esto me duele pero por hoy es suficiente dolor. No pensaré más sobre el asunto. Y pasar a lo que sigue, hacer otras cosas, distraerse en otros asuntos.

Ha reflexionado y acepta que ella también ha lastimado a mucha gente sin darse cuenta; y otras veces, intencionalmente. También ha necesitado que la gente que quiere la perdone: por torpe, cruel o poco amorosa. Quizá debería perdonar simplemente para tener derecho a ser perdonada.

Lucha por entender las razones que llevaron a su madre a trabajar tanto y a tener poco tiempo para ella. La orfandad emocional ha recorrido varias generaciones de su familia.

También, en el fondo, entiende la depresión de su exmarido y piensa que lo mejor será dejar de pelearse con la realidad, para planear cómo va a volverse más fuerte para sus hijos.

Ve con claridad que debe perdonar a Jorge y que sería tristísimo que se quedara con ella por miedo a lastimarla si ya no la quiere. Desde el principio quisieron cosas diferentes y de todos modos, ella decidió compartir su vida con él. No se arrepiente. Fue muy feliz. La gente se cansa, de desenamora, se va. Así es la vida y le pasa a todos, no solamente a ella. Todos cometemos errores, se repite últimamente. Está cansada de estar enojada y con tantas cuentas pendientes. Quiere aprender a perdonar y a perdonarse. Quizá la vida sea más fácil si lo logra.

La autora es psicoterapeuta sistémica y narrativa.
Conferencista en temas de salud mental.

Correo: valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag