Opinión

Recuento de la profesionalización docente en 2014

Hay un refrán que dice “si no sabes a dónde quieres ir, difícilmente llegarás”. Por esta razón, desde hace varios años hemos argumentado la importancia de acordar y socializar metas educativas. En diciembre de 2012 difundimos una propuesta ciudadana de estas metas en nuestra publicación Ahora es cuando. Se pueden resumir en una sola frase: La educación debe ser doblemente incluyente.

La primera inclusión se refiere a lograr trayectorias completas: que nuestras niñas, niños y jóvenes permanezcan más horas, días y años en la escuela para que todos alcancen por lo menos el bachillerato. La segunda inclusión exige que dicha trayectoria sea exitosa, de manera que todos logren aprendizajes adecuados y suficientes para actuar como ciudadanos globales. Ambas metas las planteamos con actividades y parámetros para monitorear su cumplimiento, previsto para 2024. En este espacio, me gustaría trazar rápidamente cómo vamos en el camino a estas metas, para después realizar un recuento de qué ha pasado y qué falta por hacer en uno de los caminos centrales a la mejora de la educación en México: la profesionalización docente.

Hace dos años, propusimos la meta de que al menos 85 por ciento de los jóvenes del país terminaran el bachillerato para 2024. En los últimos dos años, aunque más niños terminaron primaria y más jóvenes llegaron a secundaria, seguimos excluyendo a más de uno de cada dos jóvenes del nivel medio superior; todavía 50 por ciento no terminó en 2014 el bachillerato. Asimismo, vimos que en 2012 hubo una caída en los resultados del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) con respecto de 2009, lo que demuestra que este pequeño avance en aumentar los años que nuestros jóvenes pasan en la escuela, no se ha traducido todavía en un mejor aprendizaje para el mundo actual; al contrario, vamos en la dirección equivocada.

Fundamental para los esfuerzos que pueden cambiar el curso de la educación en México será el apoyo que ofrezcamos a nuestros maestros, a lo largo de su trayectoria profesional. Ser maestro de verdad va más allá de tener una plaza. Para cumplir con su tarea, cada maestro debe contar con habilidades, conocimientos, actitudes y valores que promueven de forma real y verificable el aprendizaje de la generación joven, lo que implica que él o ella, como profesor, tiene acceso al apoyo de colegas y expertos, desde su formación inicial, selección e inducción, hasta su desarrollo y avance profesional continuo.

En los últimos dos años, hemos visto avances importantes en ese sentido: la Ley General de Servicio Profesional Docente aprobada en 2013, por ejemplo, estableció los lineamientos para la selección, el ingreso, la evaluación, la promoción, la retroalimentación y el desarrollo continuo de los maestros. El año 2014 atestiguó la publicación de un perfil docente y directivo para la educación básica y media superior, con rasgos claros que son ya de conocimiento público y observancia obligatoria, y se llevaron a cabo -en varios momentos del año- concursos para el ingreso a la docencia y (en el caso de media superior) para la promoción a directivo.

Asimismo, hace apenas unos días el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) publicó el Programa de Mediano Plazo para la Evaluación del Servicio Profesional Docente, el cual establece los objetivos, líneas de acción y metas para la evaluación de los maestros de México en los próximos seis años. Adicionalmente, desde el año pasado, se ha reactivado los Consejos Técnicos Escolares, como una apuesta para favorecer la autonomía de los maestros y un espacio para fomentar la corresponsabilidad, colaboración, y desarrollo profesional continuo.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, seguimos sin brindar el apoyo suficiente que necesitan en la práctica los maestros. La educación normal todavía no ofrece una formación inicial de calidad; más de dos de cada cinco normalistas obtuvieron resultados insatisfactorios en el Examen General de Conocimientos de la Licenciatura en Educación Primaria y tres de cada cinco sustentantes, en el Concurso de Oposición para el Ingreso a la Educación Básica, fueron no idóneos.

Estos resultados evidencian un sistema fallido para los aspirantes a ser maestros, privándolos de la oportunidad de ejercer la profesión por la cual se supone que fueron formados. Una de las tareas principales educativas para 2015 es la reforma de la educación normal. Como afirmó la directora de una Escuela Normal Superior, “la hemos estado esperando desde ya varios años”.

De manera similar, la formación continua sigue siendo deficiente y, desafortunadamente, no hay mucha evidencia de que se implementaran mejoras en este campo en 2014. En los últimos cuatro años el gasto en formación continua ha bajado: pasó de alrededor de 600 pesos por maestro hasta menos de 300 pesos por maestro. Se ha dicho, y con certeza, que el gasto no garantiza una formación continua adecuada; pero consideramos que justo en este momento de alta exigencia para los maestros, y cuando ya es obligación del Estado ofrecer oportunidades suficientes y de calidad para su formación, reducir la inversión en ellos no presagia un cambio positivo. Al contrario, la evidencia sigue sugiriendo que los maestros quieren y requieren más y mejores oportunidades para seguir desarrollándose, pero el presupuesto es insuficiente para ofrecer, a la gran mayoría de ellos, las alternativas con la calidad mínima requerida

Deseamos que 2015 sea el año en que renovemos nuestro compromiso con los maestros mexicanos, para que gobierno y sociedad podamos ofrecerles el apoyo que necesitan en todos los momentos de su trayectoria profesional –desde sus primeros días en la formación inicial, hasta la cúspide de sus carreras.


La autora, Jennifer L. O’Donoghue, es directora de Investigación en Mexicanos Primero.

Twitter: @jennodjod

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