Opinión

Apoyo a la indisciplina fiscal

10 febrero 2014 4:34 Última actualización 28 octubre 2013 5:2

 
Rodolfo Navarrete
 

Tal como estaba previsto, la semana pasada el Banco de México redujo una vez más su tasa de interés de política monetaria, a 3.50 por ciento, pero advirtió que ya no volverá a hacerlo porque no le gusta la “política fiscal prevista” y por lo delicado de la postura monetaria de México frente a Estados Unidos.
 

Vale decir que el banco tomó dos acciones importantes: una, la reducción de la tasa de interés en sí misma; y, la otra, la cancelación, al menos por el momento, de la posibilidad de registrar en el futuro previsible una nueva disminución de dicha tasa de interés, acción que los mercados ya estaban descontando.
 

Al igual que en ocasión de la anterior disminución de la tasa de interés, ahora el banco central llevó la tasa de referencia de 3.75 a 3.50 por ciento, con el objetivo de contrarrestar la debilidad que aún observa la economía mexicana, en el contexto de un relativo control de la inflación, aunque no dejó de aclarar que existen algunos indicadores que muestran una incipiente recuperación económica.
 

Se entiende, en este sentido, que un mayor relajamiento monetario debe abaratar las condiciones de crédito y con ello favorecer la recuperación del gasto y de la economía en su conjunto. Paralelamente, la disminución de la tasa de interés permite apoyar el financiamiento del déficit del gobierno, por lo que ello implica hasta cierto punto validar inflacionariamente la brecha fiscal.
 

Respecto a la cancelación de la posibilidad de observar nuevas disminuciones en la tasa de interés, el banco señaló en su comunicado que “tomando en cuenta la política fiscal prevista, la junta estima que la postura monetaria es congruente con la convergencia eficiente de la inflación a la meta de 3 por ciento, pero considera que no serán recomendables reducciones adicionales al objetivo para la tasa de interés de referencia en el futuro previsible”. Vale decir que no le gusta la postura fiscal que acaba de aprobar la Cámara de Diputados, cuyas principales características son:
 

El incumplimiento de la meta de déficit fiscal cero establecida para el presente año. En su lugar, se espera que el déficit en su versión light ascienda a 0.4 por ciento del PIB.
 

La programación de un déficit de 1.5 por ciento del PIB para el próximo año, mismo que se sostendrá hasta 2017, aunque a ritmo decreciente.
 

El ajuste de las cifras del déficit programado para 2014 con base a cambios en los supuestos de la formulación del presupuesto, como es el aumento del precio presupuestado del petróleo y del tipo de cambio, y no en mayores ingresos permanentes.
 

En función de estos elementos, la pregunta obligada es ¿por qué las autoridades responsables de la política monetaria mexicana prosiguen con un proceso de disminución de la tasa de interés de referencia en circunstancias de un aumento de las necesidades de financiamiento por parte del gobierno, y más grave aún, cuando se considera que dicha política no es adecuada?
 

Peor todavía si se tiene en cuenta que en ocasión de la anterior disminución de la tasa de interés de referencia (6 de septiembre), cuando aún no se conocía el proyecto de reforma fiscal, el banco central justificó dicha disminución en la expectativa de avances significativos para el logro del equilibrio fiscal, misma que no sólo no se cumplió, sino que resultó peor. Ahora, en vez de reducir el déficit fiscal, se plantea elevarlo aún más.
 

Al respecto, vale recordar lo que se señaló en aquella ocasión: “Dadas las consideraciones anteriores y que el Banco de México anticipa que el mayor grado de holgura en la economía prevalezca por un periodo prolongado, junto con la expectativa de avances significativos en el fortalecimiento estructural de las finanzas públicas, la junta de gobierno ha decidido disminuir en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 3.75 por ciento”.
 

Curiosa actuación. El banco central bajó en septiembre la tasa de interés de política con base a la expectativa de un fortalecimiento estructural de las finanzas públicas y la volvió a bajar la semana pasada ante la evidencia de que las finanzas públicas se debilitarán estructuralmente y a sabiendas de que ello implica validar inflacionariamente la brecha de dichas finanzas.
 

Comentario aparte merece el señalamiento del banco central de que “algunos indicadores sugieren que la economía comenzó a mostrar una incipiente recuperación” en el tercer trimestre. Desde la anterior reunión de la junta de gobierno (5 de septiembre) hasta el jueves dela semana pasada se ha dado a conocer que la producción industrial cayó 0.5 por ciento en julio y 0.7 por ciento en agosto; que las ventas de establecimientos comerciales pasaron en dichos meses de crecer 1.2 por ciento a caer 2.2 por ciento; que la tasa de desempleo pasó de 5.17 por ciento en agosto a 5.29 por ciento en septiembre; que el IGAE pasó de crecer 1.7 por ciento en julio a 0.8 por ciento en agosto; y, que el índice de  confianza de los consumidores bajó de 97.4 en agosto a 94.1 en septiembre.
 
En otras palabras, al parecer la recuperación aún no se ve y todo parece indicar que no se verá al menos hasta mediados del próximo año. Es probable que la economía resienta una fuerte recaída a principios del próximo año, cuando el ingreso disponible de una franja de la población disminuya drásticamente.