Opinión

António Guterres, su éxito al frente de la ONU será el de todos

  
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Portugués Guterres jura como nuevo secretario general de la ONU

El nombramiento del portugués António Guterres como secretario general de las Naciones Unidas, para el periodo 2017-2022, fue una de las noticias más alentadoras que tuvimos este año. El lunes pasado Guterres prestó juramento ante la Asamblea General, si bien entrará en funciones el 1º de enero, a sólo dos semanas de que Trump haga lo propio como presidente de Estados Unidos. Las difíciles circunstancias políticas internacionales le ofrecen al nuevo secretario general una oportunidad para reposicionar la organización.

Guterres tiene las capacidades y la experiencia para esta tarea. Fue primer ministro de Portugal y Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados durante diez años. Cuenta también con la legitimidad de su nombramiento. Su acceso al cargo se dio cuando la comunidad internacional exigía a la organización mayor eficacia y eficiencia, además de que se especulaba que el nuevo titular de la organización sería una mujer o un candidato del este de Europa. Sin embargo, la candidatura sólida de Guterres logró la aprobación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y después contó con el voto unánime de los 193 estados miembros de la ONU.

El nuevo secretario general se encuentra a cargo de una Organización mermada, paralizada por su burocracia e impotente frente a los tradicionales y nuevos desafíos. En su discurso del lunes 12, el secretario general entrante reiteró que la ONU “es la piedra angular del multilateralismo [que] ha contribuido a forjar decenios de relativa paz”. Pero “los desafíos están superando nuestra capacidad de respuesta. Las Naciones Unidas deben estar preparadas para cambiar. Las Naciones Unidas nacieron de la guerra. Hoy debemos cuidar la paz”.

Guterres ha insistido que su propósito es devolver a la ONU su papel de institución multilateral indispensable en el escenario global. Su lectura de los retos que tiene por delante es clara. La responsabilidad de la ONU como garante de la paz y la seguridad mundiales está en duda, en particular en Siria. La voluntad de algunos países para cumplir las metas de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 y con los compromisos acuerdo de París sobre cambio climático están en riesgo por el muy probable deslinde de Estados Unidos. Los desplazamientos migratorios en todo el mundo –que Guterres conoce de primera mano por su labor previa– se agudizarán, sus repercusiones ya se han sentido en el mundo en las corrientes xenófobas que aparecen en varios países desarrollados.

Durante su intervención del 12 de diciembre, el nuevo secretario agregó a estos retos la urgente reforma interna de la Organización y el problema derivado del descrédito de algunos integrantes de las operaciones de mantenimiento de la paz en algunas zonas en conflicto por abusos cometidos.

Entre las dificultades inherentes que deberá superar para cumplir con su cometido se encuentran los desacuerdos constantes y la falta de cooperación recurrente entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, en especial Estados Unidos y Rusia. Al desconocimiento de Trump y su equipo de la situación internacional, se agrega el oportunismo político de Putin, así como la debilidad política, en estos momentos, de Francia y Gran Bretaña por sus problemas internos. Por su parte, China se ha mostrado entusiasta con el nuevo secretario general y encuentra que las circunstancias geopolíticas le abren un espacio para consolidar su posición entre los miembros del llamado P5 y ampliar su capacidad de influir globalmente. Alemania y Japón –que tiene ahora un asiento no permanente en el Consejo– son potencias que coinciden en defender un papel más activo de la ONU y darle mayor apoyo en sus tareas al nuevo secretario.

No habrá luna de miel para Guterres. El mundo necesita volver a creer en la ONU. Tan pronto como asuma funciones su plan de acción debe escapar de las inercias burocráticas y encender esta esperanza. Con base en sus principios fundamentales y sus capacidades técnicas, la Organización y su secretario deben movilizar buenas voluntades y aliados claves para llevar a cabo su misión. La ONU y el mundo necesitan de manera urgente un liderazgo carismático, decididamente político, con la imaginación para encabezar la respuesta a los desafíos del mundo menos ordenable y predecible de hoy.

Twitter: @lourdesaranda

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