Opinión

Antisemitismo y antiisraelismo, dos caras de la misma moneda

La periodista española Pilar Rahola (PR) en su natal Barcelona dictó una conferencia a abogados y jueces en la que desenmascaró a la nueva izquierda acusándola de substituir el “viejo” sentimiento antisemita por un furibundo antiisraelismo que defiende a los “malos”; básicamente al mundo islámico que no respeta los derechos humanos de los pueblos que lo configuran y que ha emprendido una Guerra Santa contra los herejes, contra los que no comparten sus severas y frecuentemente irracionales prácticas religiosas.

PR se refiere a su auditorio como individuos que se creen expertos en política internacional, no obstante, dijo “que en realidad no saben nada sobre la materia y con Israel se atreven, como todo el mundo, por que está bajo la permanente lupa mediática que distorsiona su imagen y contamina los cerebros del mundo, incluso personas cultas cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades; sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale”.

PR consigna que en la práctica no existe un debate sobre Israel; la información existente sobre ese país generalmente está conformada de prejuicios, propaganda y simplismo; de aquí que se pregunta ¿por qué se criminaliza a un pequeño país que lucha por su supervivencia?; ¿por qué triunfa la mentira o la manipulación informativa con tanta facilidad?; ¿por qué no existen culpas palestinas? Al respecto, considera que no existe una respuesta única y buena parte de la respuesta sobre el antisemitismo y el antiisraelismo tiene sus fuentes en la intolerancia, la mentira y el prejuicio. En el antiisraelismo se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno; de aquí que el judío medieval “que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse con sus tierras, siempre son niños inocentes y judíos oscuros”.

Igualmente, existe relación entre el mito de los Protocolos de Sión, publicados por primera vez en 1902 en la Rusia Zarista, de que los judíos querían dominar al mundo a través de la banca europea, con la idea de que los judíos de Wall Street dominan al mundo a través de la Casa Blanca. El dominio de la prensa y las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca en el presente en el odio a los israelíes. Para PR el ADN del odio Occidental que late en el subconsciente ha surgido con una virulencia ahora centrada en el estado judío por motivos históricos y geopolíticos, entre otros, el creciente papel de los soviéticos durante décadas, los intereses árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el ascendente fenómeno islámico.

PR menciona que hoy, como ayer, la izquierda que enarboló la bandera de libertad allí donde existía injusticia y ha conservado intacta su aureola de lucha y aún marca las pautas de los buenos y malos del mundo, perdona ideologías totalitarias y en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, empero, se enamora de los imanes; grita contra el ejército israelí, sin embargo, aplaude a los terroristas de Hamas. Llora por las víctimas palestinas, no obstante, desprecia a las judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, sólo lo hace si puede culpar a los israelíes. La hipócrita izquierda no denuncia la cultura del odio que fomentan, los fundamentalistas islámicos o su preparación para la muerte. PR se cuestiona ¿por qué la izquierda no promueve manifestaciones contra el uso de niños bombas en los conflictos en donde el Islam está implicado?

PR acusa abiertamente a los principales responsables del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, que proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso: “la traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad”. PR también denuncia a los periodistas que ofrecen noticias fast food a lectores que desean información fast food. Reconoce que en la información distorsionada de los medios de comunicación influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar. Si el periodismo habla en contra de Israel no tendrá problemas; sin embargo, si critica a un país islámico, entonces se complica la vida.

PR evalúa al antisemitismo islámico como el fenómeno más serio de la actualidad. Mil 300 millones de personas son educadas, masivamente, en el odio al judío. PR concluye que el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío: un nuevo vestido para un viejo odio. El mundo dejó pasar desapercibido el odio contra los judíos, sin entender que este fenómeno puede ser contagioso.