Opinión

Antenoche soñé con Cristian Castro

Fue un sueño extraño: caminaba yo por Polanco e ingresaba a una peluquería. Simultáneamente al entrar yo, Cristian Castro salía del lugar. Minutos después el cantante reaparecía para que los peluqueros le dieran otra chaineadita; lo que aparentemente ocurría a su entera satisfacción (y sin saiote). Antes de salir quedábamos de chatear por WhatsApp (¿?). Supongo que este sueño me ha ocurrido porque tengo boletos para escuchar el concierto en vivo de Cristian Castro en el Auditorio Nacional, así que lo tengo agendado.

Los conciertos en vivo son una industria en franca transformación. La empresa Live Nation, la mayor del mundo en el rubro, produce una cantidad importante de datos a través de su herramienta LiveAnalytics. Con ella ha dado a conocer, por ejemplo, que el 32 por ciento de las personas se dice influenciada por Facebook para asistir a un concierto; que el 66 por ciento de quienes utilizan Twitter sigue en dicha red a alguna banda de la que es fan; y que el 20 por ciento de los usuarios de esta última dice haber sido influenciado para ir a un concierto luego de ver un tuit. En promedio, una persona que utiliza redes sociales asiste a 1.27 por año, comparado con 0.85 veces de la población general. El impacto de las redes es cada día mayor.

En Estados Unidos esta industria tiene un valor de 24 mil millones de dólares; crece al 1.3 por ciento; y experimenta una dramática caída de barreras de entrada. Live Nation anda promoviendo ahora, por ejemplo, conciertos con Miley Cirus (con un curioso cartel en el que se chupa la lengua a sí misma), y con One Direction, un grupo de chavitos.

En México el equivalente a Live Nation es Ocesa, la empresa subsidiaria de Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE). Esta firma promueve actualmente eventos con Zoé o Rebel Cats. La firma está en una etapa que se antoja muy interesante de observar, sobre todo por el impacto que pudiera tener la nueva carga impositiva en las finanzas de los mexicanos. Las ventas de CIE han disminuido en los últimos años como resultado del empequeñecimiento de sus activos (a América Móvil, de Carlos Slim, se le vendió el negocio de medios hace un año). Asimismo, la empresa vive hoy un apretón en su UAFIDA, que apenas crece, derivado de la estructura de costos de los eventos recientes. El entorno, pues, es complejo.

Considerando lo anterior, es previsible pensar dos cosas para Ocesa en 2014: (1) tendrá que hilar muy fino su estrategia de precios a fin de equilibrar más sus ingresos, cuidando que el encarecimiento de los boletos no ahuyente al público; y (2) habrá una pulverización de alternativas de promoción de diferentes eventos artísticos y deportivos, con alianzas mercadológicas de toda naturaleza. Así, si todo le sale bien, Ocesa renacerá híper-competitiva. Ojalá.


Twitter: @SOYCarlosMota