Opinión

Antecedentes paternos de una singular candidata

 
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Luisa María Calderón Hinojosa. (Cuartoscuro)

Aunque fue hacia mediados de la década de los años 70, la recuerdo perfectamente como si hubiera sido ayer. Tengo presente, muy clara su figura no obstante que han pasado desde entonces cuarenta años. Una muchacha quinceañera repartiendo volantes con singular entusiasmo en los cruceros de Torreón, en una clásica campaña electoral de entonces de Acción Nacional. Era Luisa María Calderón Hinojosa, La Cocoa.

Por razones de trabajo, casi todo el año de 1974 tuve necesidad de permanecer en la Ciudad de México. Tenía libres casi todas las tardes. Y muchas de éstas las pasaba en las oficinas centrales panistas, en aquel entonces ubicadas en la calle de Serapio Rendón de la colonia San Rafael. Distante de la familia, disfrutaba de interminables y deliciosas pláticas vespertinas, que en ocasiones se prolongaban hasta bien entrada la noche, con los poquísimos colaboradores de tiempo completo, es decir, pagados, que entonces tenía la organización: Gerardo Medina Valdés, Eugenio Ortiz Walls y Luis Calderón Vega, amigos queridísimos e inolvidables, los tres ya fallecidos.

Don Luis Calderón Vega, primer historiador de Acción Nacional y padre de La Cocoa, esperaba con ansías la llegada del viernes, pues cada semana –salvo que sus responsabilidades de trabajo exigieran otra cosa- la tarde de ese día tomaba su camión rumbo a Morelia, para disfrutar allá el sábado y el domingo con su familia. Y el lunes temprano estar de regreso en la capital para atender su trabajo como responsable del área de capacitación y estudios del partido. Las pláticas con don Luis por las tardes, eran amenísimas y aleccionadoras. Sus conocimientos del y sobre el partido, así como sus experiencias vividas en el mismo, eran enormes, como su generosidad y sencillez.

A pesar de la diferencia en edades, tuve pues la fortuna de cultivar una magnífica amistad con Calderón Vega. Después del año 74, insistió en venir a apoyar nuestras campañas panistas de Torreón, en las que casi siempre –porque nadie más aceptaba- el candidato era yo. Digo que insistía porque nos daba mucha pena que con recursos tan limitados no tuviéramos forma de cubrirle sus gastos de viaje y viáticos, a pesar de lo cual él se presentaba pagando de su peculio, que bien sabíamos era también muy limitado. Y al menos una vez, o quizá dos, llegó acompañado de La Cocoa, que en campaña como en todo su trabajo político ha sido siempre incansable.

Con candidatos como Luisa María Calderón, que seguramente ganó la anterior elección para gobernador de su estado y que ahora nuevamente compite, da gusto y mucha tranquilidad estar presente en la competencia electoral, particularmente en un estado tan complejo y conflictivo como es Michoacán. De no presentarse un fraude descomunal, ella sin duda ganará la elección del próximo 7 de junio. Qué bueno, por su estado, por el país y por el panismo.

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