Opinión

Año de disruptores

 
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Trump a oscuras. (Especial)

Aunque el concepto de disruptores no es nuevo, definitivamente será una tendencia que definirá la política, economía y seguridad de México, Estados Unidos y probablemente el resto del planeta.

Los disruptores llegaron para quedarse. Y en la política disrupción se está traduciendo en destrucción de las democracias.

Me explico:

El término en inglés disruptors se aplica a aquellos que se rompen paradigmas, son innovadores, buscan romper el statu quo buscando la competitividad. Pero la 'disrupción' puede tener costos, ya que ésta es caótica, es desordenada y es dolorosa, pero también puede permitir importantes reformas. Generalmente este término estaba ligado a la nueva clase empresarial.

Escribí hace más de un año sobre cómo los disruptores afectaban en una forma positiva la economía y por qué deberían buscarse disruptores que impactaran en una forma similar en el ámbito político.

En este espacio también mencioné el artículo escrito por la reconocida revista Foreign Affairs que dedicó su edición de enero/febrero 2015 a los disrupters, donde señalan que las empresas no pueden continuar funcionando bajo las mismas tradicionales y anticuadas reglas del mercado. Y los gobiernos tienen la responsabilidad de promover políticas públicas que impulsen a los disruptores y apoyarlos para que sobrevivan ellos y sus empresas.

Por eso la importancia de entender que “Al final del día, no es la sociedad, ni gobiernos, o el sector industrial los que crean empleos, son las compañías y sus líderes. Son los emprendedores y los negocios los que deciden gastar o no, invertir o no, contratar o no.”  Y el papel del gobierno es promover a los disruptores empresariales y no destruirlos.

Pero eso es muy diferente a aceptar el papel que están jugando los disruptores en la política y en el ascenso al poder.

Porque a diferencia que de los disruptores en el ámbito empresarial que 'destruyen' y promueven el caos como una forma de crecer y asegurar la supervivencia de sus empresas, en la política los disruptores destruyen para obtener poder. Y dependiendo del 'disruptor' político esto puede permitir una transformación que verdaderamente permita impactar positivamente en los bolsillos de la población, dar seguridad y justicia, además de promover una cultura democrática. En caso contrario, un disruptor va a usar su poder y credibilidad para transitar a un sistema autoritario y corrupto.

En el ámbito empresarial entre las características de los disruptores está que buscan la innovación incomodando, rodeándose de gente con ideas desafiantes y que cuestionen el statu quo, fomentando la diversidad de ideas y la pérdida de miedo al fracaso.

Los motivos de los disruptores en el ámbito empresarial son claros: buscan promover la innovación para asegurar el futuro de sus empresas. Pero los disruptores en el ámbito político están resultando ser agresivos, mentirosos y dispuestos a tomar cualquier paso necesario para poder acceder al poder.

En el caso de los disruptores en la política, tienen mucha más credibilidad que las instituciones, clase política, medio de comunicación, datos científicos y cuantificables. El descrédito del statu quo es lo que les da poder y credibilidad. Y esto les permite ascender al poder sin que se pueda cuestionar sus motivos, su experiencia o su capacidad. Llegan al poder faltando a la verdad, prometiendo lo que no pueden cumplir y agrediendo a las personas e instituciones.

Ante la forma en que se ha corrompido la clase política, la incapacidad del cambio para responder a las nuevas realidades económicas y la desigualdad tal vez son la única forma en que los disruptores lleguen al poder.

Pero el ser electo gracias al fracaso de las instituciones no garantiza que los políticos disruptores puedan gobernar. Al contrario, en muchos casos la inexperiencia, la soberbia y las expectativas creadas los llevarán a fracasar o a implementar sistemas autoritarios que no responden ni a la constitución ni a los procesos electorales.

Este es el gran reto para los procesos electorales de 2017 y 2018: ¿cómo fomentar una dramática transformación con la participación de disruptores, sin debilitar la incipiente democracia mexicana?

Twitter:@Amsalazar

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