Opinión

Anni Albers (1899-1994)

    
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Anni Albers

Tengo esta idea -muy directa- de que el arte es algo que te hace respirar con una distinta clase de felicidad: Anni Albers, 
en entrevista con Sevim Fesci, 1968


Cuando se habla de arte feminista o de un feminismo permeando las artes, generalmente la primera impresión que tenemos es de una postura sexualmente confrontativa y desafiante, utilizando medios como el performance o el arte del cuerpo. Pero si indagamos en la historia, nos encontramos con artistas mujeres que han sido gran influencia para las prácticas contemporáneas, cuyas obras expresan una conciliación de su educación estética, el discernimiento del uso de materiales y la reflexión del arte tanto acción humana como reacción cultural. Englobando todo lo anterior, está la artista y diseñadora germano-estadounidense Anni Albers.

Nació en Berlín, Alemania, el 12 de junio de 1899. Como parte de su formación, desde muy pequeña tomaba clases de pintura, uno de sus maestros fue el pintor expresionista Oskar Kokoschka, quien la motivó a seguir sus estudios artísticos. En 1922, entró en la prestigiosa Bauhaus de Walter Gropius, en Weimar, teniendo como maestros a Johannes Itten, Georg Muche, Wassily Kandinsky y Paul Klee.

A pesar del vanguardismo de Bauhaus, las mujeres sólo podían tomar algunos de los talleres impartidos. A Albers le interesaba el taller de vidrio; pero se le negó la inscripción, y para asegurar su permanencia en la escuela tuvo que entrar al taller de textiles y trabajar en el telar manual. Al inicio, no estaba tan convencida, nunca en su vida había tejido o bordado, “Pensé que era más bien cursi y afeminado. Pero cada vez me intrigaba más con él y gradualmente lo encontré (el taller de textil) muy satisfactorio”, escribió Anni Albers.

La acotada técnica del telar y la limitada variedad de materiales y fibras, fue lo que despertó en Anni el interés por experimentar, por crear posibilidades en un medio que no tenía el reconocimiento de disciplina artística. Robustecer las artes finas a través de la artesanía y viceversa, fue uno de los más grandes legados de Bauhaus; en este contexto Anni Albers fue pionera. Descubrió en él la combinación perfecta de subjetividad y un método técnico que hace consciente la construcción, las elecciones de materiales, colores y formas.

En Bauhaus conoció a su pareja de toda la vida, el artista abstracto Josef Albers; ambos pasaron de alumnos a profesores hasta el cierre de la escuela en 1932 por el Partido Nazi. Como muchos artistas e intelectuales europeos, migraron a Estados Unidos, hallando en América un territorio virgen para la total experimentación artística sin el peso de la tradición europea.

Anni y Josef Albers se incorporaron en 1933 al Black Mountain College, en Carolina del Norte -ya hemos hablado de esta escuela en columnas anteriores- , cuyo sistema educativo se basaba en una separación cautelosa de la expresión subjetiva para dar lugar a una profunda indagación metodológica multidisciplinaria. Los Albers no pudieron llegar a un mejor lugar. Estando en el continente americano, les fue factible viajar a Cuba y al resto de Latinoamérica. De esa experiencia con la arquitectura prehispánica y los textiles oaxaqueños surge la famosa carta que escriben a Wassily Kandinsky: “Mexico is truly the promised land for abstract art”. Los Albers fueron entrañables amigos de Luis Barragán, Clara Porset y Xavier Guerrero.

En 1949, Anni Albers deja Black Mountain. En ese mismo año, ella es la primera artista textil que expone de manera individual en el MoMA de Nueva York.

No sólo es un gran ejemplo de mujer artista por hacerse camino en una escena dominada por hombres. La elección deliberada de su medio, el tejido y lo textil, le da a su obra un inherente rasgo femenino, no sólo por la histórica relación de estos materiales con la feminidad.

Albers ve sus tapices como contrapeso al trepidante impulso industria del telar mecánico, de alto volumen, donde más es más; su obra recupera el tiempo, la delicadeza y compromiso de un trabajo ancestral, para crear objetos que -aunque utilitarios- pertenezcan a un mundo independiente de patrones geométricos, formas abstractas, que hablan por ellos mismos y sus componentes matéricos. Ella demuestra que el papel del artista es el de posibilitar el mejor desarrollo técnico.

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