Opinión

Ann Coulter intenta sabotear la reforma migratoria


 
 
Se opuso a los intentos de George W. Bush para la reforma del sistema migratorio de Estados Unidos, al considerar que 'habrá un genocidio' en 2050, cuando los blancos dejen de ser la mayoría demográfica, y ahora se opone a los intentos de Barack Obama y del Senado.
 
De hecho, Ann Hart Coulter, tenaz extremista de las ondas radiales y las columnas sindicadas en el país vecino, ya se había tardado en abrir fuego contra los cambios impulsados por la Casa Blanca y los legisladores de su propio partido, el Republicano, que con una pizca de sentido común y mucho apetito electoral, pergeñaron un proyecto de ley draconiano y burocrático, que apenas y deja abierta la esperanza de la ciudadanía para 11 millones de indocumentados. Pero Coulter y energúmenos de su clase, como Glenn Beck y Rush Limbaugh, ni siquiera eso aceptan.
 
Con horario estelar la noche del martes, en el show de Sean Hannity en Fox News, la neoyorquina de 51 años, autora de ocho éxitos de ventas en los que ha reivindicado al macartismo y la Guerra Fría, aprovechó las versiones sobre la asistencia oficial que recibió hasta 2012 Tamerlan Tsarnaev, supuesto culpable del atentado en Boston (ayer fueron acusados tres sospechosos), para aseverar que su 'punto' es que "cero inmigrantes deberían estar recolectando ayuda gubernamental. Si lo haces, me parece, ¿no podemos todos estar de acuerdo en que no eres el tipo de inmigrante que necesitamos en EU?"
 
Luego añadió: "Sabemos que aquí tenemos a nuestros propios perdedores nativos, asesinos, receptores de ayuda gubernamental; está bien, lidiaremos con ellos", lo que Hannity completó con oportunismo al agregar "pero todavía estamos importando más".
 
Por supuesto, en su afán de mentir, Coulter ignoró los estudios e informes que organismos tan republicanos y antiliberales como la Cámara de Comercio han presentado a lo largo de los últimos años para reconocer la aportación de los migrantes a la economía estadounidense y desmentir, asimismo, que signifiquen una carga para las finanzas.
 
Desmembrar
 
Sin embargo, ya el domingo The Washington Post había advertido que "empezó la reacción contra la reforma y en específico el artículo que legalizaría la situación de once millones de indocumentados para darles finalmente la oportunidad de la ciudadanía. Dirigidos por republicanos conservadores y espoleados por conductores de radio de derecha, los opositores apuestan a descarrilar la medida con una estrategia de retraso y desmembramiento".
 
Dos días antes, añadió, Bob Goodlatte, líder del Comité Judicial de la Cámara baja -donde tiene mayoría el 'Gran Viejo Partido'-, señaló que en lugar de esperar el avance de la iniciativa del Senado, o el lanzamiento de un plan similar por los diputados federales, su comisión estudiaría una serie de propuestas menores, encaminadas a salvar la cara de los republicanos, endurecer la vigilancia fronteriza con México (lo que ya adelantaron los senadores), garantizar el flujo de trabajadores agrícolas (los más explotados) y, a continuación, rechazar la 'amnistía'.
 
Apenas unos cuantos amagos les han bastado para atemorizar a sus colegas del Senado, como Marco Rubio y John McCain. El primero, aspirante a la candidatura presidencial en 2016, indicó que probablemente su iniciativa no será aprobada en la Cámara de Representantes, por lo que 'tendrá que ser ajustada'; el segundo, con fama de 'independiente' pero volcado a la ultraderecha desde que Obama lo venció en 2008, apuntó: "Hacerse ciudadano de EU no debe ser fácil, nunca ha sido fácil para cualquiera que venga aquí de otro país".
 
Poco antes, Coulter, simpatizante de la Ley Patriota, del calabozo de Guantánamo, de la tortura y de la discriminación de los musulmanes, lamentó en Twitter que Tsarnaev resultara liquidado por la policía, pues "ahora no podrá ser legalizado por Marco Rubio".
 
No hay duda de qué intereses han sido favorecidos por el misterioso atentado de Boston, que detonó la manipulación de la xenofobia y del aislacionismo como el 11-S. No obstante, la realidad, terca, es diferente y ayer se puso de manifiesto, con miles de personas que marcharon desde Los Ángeles y Phoenix hasta Nueva York y Vermont para exigir la reforma.