Opinión

¿Aniquilando las alianzas?

Como parte de la reforma electoral que tanto ocupa y preocupa a Gustavo Madero, el líder nacional del PAN ha propuesto que se cambie la forma en que se cuentan los votos que reciba un candidato en alianza electoral. Hasta ahora, si un ciudadano tachaba dos emblemas de partido por el mismo candidato, los votos se computaban dividiéndose entre partidos.

Con la reciente reforma del artículo 87 de la Ley de Partidos Políticos se dispone que cuando el elector tache dos o más emblemas, los votos se le sumen sólo al candidato y no a los partidos.

Lo anterior va directamente contra las alianzas electorales. Le resta enormes incentivos para que los partidos pequeños vayan a elecciones junto con alguno de los tres grandes. Es realmente extraño que Madero esté tan obsesionado con aniquilar a los partidos políticos pequeños. El PAN ha sido uno de los principales beneficiados de las alianzas; sin ellas no habrían ganado Moreno Valle en Puebla, Malova en Sinaloa, o Cué en Oaxaca. Pero más aún, en 2015 sin alianzas el PAN difícilmente podrá ser competitivo en Michoacán, Nuevo León, San Luis Potosí o Querétaro. ¿Será que Gustavo Madero realmente está trabajando para César Camacho?

Ante esto, se ha presentado una controversia constitucional ante la Suprema Corte, que tendrá que resolverse a la brevedad. Estamos a 12 meses de las elecciones de 2015, que tendrán que organizarse con esta nueva ley. ¿En el fondo del dilema está la pregunta de qué sistema de partidos se está buscando?

Al parecer el PAN se imagina (o aspira) a un país con cuatro partidos, el PRI y el PAN siendo los grandes, con PRD y Morena en 10 o 15 por ciento. Al PAN seguramente le gustaría que desaparecieran el PVEM, PT y Panal. Sin embargo, menos partidos no es necesariamente la solución que los ciudadanos requieren de su sistema partidista. Antes que eso, urge mayor transparencia y rendición de cuentas. ¿A dónde se va el dinero que obtienen de recursos públicos? Transparencia y rendición de cuentas en los recursos que obtengan de lo que aporten ciudadanos. Tenemos una de las democracias más caras del mundo, un tema que lejos de resolver, esta reforma acentúa.