Opinión

¡Ánimo, Montana!

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil vio y leyó la noticia publicada en Reporte Índigo de la fiesta de los diputados panistas alguna de las noches de los días en que se realizaba la plenaria del PAN en Puerto Vallarta. Ocurrió en enero de este año en una casa alquilada, Villa Balboa, cerca de Barra de Navidad, en la cual se pusieron hasta atrás en compañía de mujeres a las que compraron sus caricias de seda y mandaron a traer de un table dance de reconocido prestigio.

Yo soy el muchacho alegre

La chesta panista se armó a lo grande. A Gil no lo calienta ni el Sol (no empiecen) porque no lo invitaron. Vistos desde lejos, los panistas parecen muy aburridos, pero ya de cerca bailan y cantan como el mismísimo Piporro. ¡Moscas muertas! Y chupan cañón; o sea, lo de Gilga. "Quiero ponerle su jardín a Pancha, ay, mamá, pero ha de ser de flores coloradas, mamá".

Malas noticias: hay al menos una posibilidad de que esa súper chesta la hayan organizado con dinero público. Sólo Dios lo sabe. Señores legisladores, corran a comulgar y luego a confesarse: padre he pecado. Toqué el glúteo de una mala mujer. Sí, padre, y bailé la quebradita, muy pegado, padre; sí, muy repegado. Usé un condón luminoso, padre. Ahora mal: si la fiesta se armó con dinero que los legisladores han cobrado con su trabajo (es un decir) entonces inviten y a otra cosa mariposa.

Un legislador panista le pregunta a otro: Luis, cuanto dura el amor. Y otro gran legislador le contesta: lo que dura dura. Gil se pone de pie y se quita el sombrero. Esos son conceptos, y no pedazos. Aquí es preciso hacer la pausa epistemológica: van a perdonar, pero las mujeres que acompañaban a los legisladores esa noche estaban de muy buen ver: ni modo, las cosas como son, unas cosotas.

Gil protesta. La nota de su periódico Reporte Índigo fue escrita por una de las monjas del convento de Santa Clara. No exageremos, caracho. Oigan esto: “Diputados de Nuevo León, Guanajuato, Sonora, Sinaloa, y el Enlace Parlamentario aparecen en las imágenes bebiendo, bailando y hasta deslizando sus manos sobre los glúteos de las chicas que pagaron, al menos, a dos clubs nocturnos muy populares en la costa de Jalisco”. Bebieron y bailaron; ¡oh!, las sales para Gamés, y encima de eso deslizaron sus sucias (su-su) manos sobre los glúteos. Perdón, fue sólo un glúteo. Si hubieran sido los dos, entonces sí hay que armar un escándalo. ¡Hermana Engracia, hermana Engracia: que se sube la leche! (Gil los está oyendo).

Monjitas piadosas

Sí, Ramón Alberto Garza; sí, Antonio Navalón. Los panistas se embriagaron y andaban con “unas nenorras muy acá”. Si ustedes no tienen pruebas de que esa fiesta se pagó con dinero público, su nota es simplemente una nota que ni el periodicucho de la Arquidiócesis. Así que a buscar la prueba. Los señores del PAN pueden hacer en la noche y en su casa lo que les dé su regalada gana y de sus partes un papalote. ¿Cómo la ven? Sin albur. Cuidado con los comités de salud pública. ¡Ánimo, Montana!

El detective Gamés cavila: ¿quién grabó?, ¿en cuánto se vendió el documento?

Hipótesis de trabajo: a) una de las chavas; b) un mesero; c) el gordo que nomás platicaba y no cogió, oh, sí; d) la mafia en el poder; e) el espíritu de Manuel Gómez Morín; f) el espíritu de Lázaro Cárdenas en obvia venganza por la reforma energética.

Gil propone que se junten el Niño Verde y dos o tres legisladores del partido ecologista, Rodrigo Vallejo Mora (sin La Tuta), Luis Alberto Villarreal, Martín López Cisneros, Máximo Othón Zayas, Jorge Iván Villalobos, Alejandro Zapata Perogordo. A esa fiesta hay que llevar húngaras, paracaídas, tecates y a la Arrolladora Banda Limón. Inviten a Gilga, no sean.

Ah, que panistas estos tan atravesados. Y de que trabajan durísimo, eso que ni qué. No somos nada: te vas de fiesta y te conviertes en Calígula.

La frase de Woody Allen espetó dentro del ático de las frases célebres: “Dejen de buscar cosas raras, nosotros somos los extraterrestres”.

Gil s’en va.