Opinión

Angustia y sociedad

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Hacker. (Bloomberg)

Ayer le planteaba que, en mi opinión, lo que ocurre en el mundo tiene su origen en una transformación muy profunda de la manera en que nos comunicamos. Al comunicarnos, construimos una interpretación común del mundo, que es lo que nos permite organizarnos. Si la forma de comunicación cambia de manera profunda, lo mismo ocurre tanto con la interpretación como con la organización. En toda la existencia de los seres humanos modernos, es decir cien mil años, apenas en seis ocasiones ha ocurrido una transformación de este tipo, y a usted, si es mayor de 30 años, le han tocado dos de ellas: la televisión y las TIC.

Este último cambio es el que ahora se despliega por el mundo. Ahora podemos comunicarnos de forma instantánea, con la mitad de los seres humanos, y esta comunicación va en dos direcciones: todos los consumidores de información pueden ser al mismo tiempo sus productores. Esto rompe la centralidad de la comunicación, que ha sido eje de las sociedades humanas, y provoca aislamiento, es decir, cada persona construye una pequeña isla con las pocas personas a quienes quiere escuchar, que prácticamente siempre serán personas que, no sólo piensan de la misma forma, sino que tienen las mismas costumbres. Conforme esto derrumba la comunidad y ésta es sustituida por el archipiélago, cada isla fortalece sus creencias, pero percibe las contradicciones no sólo con otras islas, sino incluso con la realidad. Como es natural en los seres humanos, esta contradicción genera una disonancia cognitiva: la realidad y nuestra interpretación no coinciden, pero en lugar de corregir esta última, lo que hacemos es cambiar nuestra actitud frente a la realidad.

La incertidumbre asociada con esa disonancia es fuente de gran angustia, y la respuesta es aferrarse a las creencias. Por eso, no hay forma de que los datos sean aceptados. Ninguna evidencia destruye una creencia. Proliferan las “iglesias”: ambientalistas, de género, animalistas, veganas, nuevas religiones, lo que usted guste. Pero ocurre también que en estas circunstancias, las formas políticas que tenemos no resultan eficientes. Para las personas, lo que ofrecen izquierda y derecha no tiene sentido, de forma que los grandes partidos, en todo el mundo dejan de ser atractivos, y brotan opciones, ocurrencias, demencias, encabezadas por personas hábiles para hablarle a las creencias de los votantes. Esto es lo que explica el fenómeno de Trump y Sanders en Estados Unidos, a Podemos y Ciudadanos, en España; a Cinco Estrellas, en Italia; al Frente Nacional, en Francia; Alternativa para Alemania; el Partido Independentista del Reino Unido, y usted complete la lista con los nacionales.

Porque detrás de estos fenómenos no hay una ideología común, o una plataforma política, o una visión económica. Lo que hay es un profundo terror, una gran angustia, de cientos, miles de pequeños grupos que se están aislando, que ya no entienden la vida en comunidad, que sólo aceptan a quienes piensan y actúan igual que ellos. Y los políticos hábiles van juntando racimos de estos pequeños grupos, diciendo a cada uno lo que quiere oír.

Entonces, sí. Sí estamos en un proceso parecido a los años setenta, en tanto que es producto de un cambio comunicacional profundo. Pero no es idéntico, porque ahora no se trata de pasar de Guerra Fría a globalización, sino de ésta al archipiélago. ¿Qué sigue? ¿Adónde lleva este proceso de cambio de interpretación? ¿Cómo nos vamos a organizar ahora? Pues para eso escribo el libro que le comentaba. Ya le iré diciendo qué creo que viene.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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