Opinión

Amplia presencia de El Kaida en Levante


 
La tensión sigue en aumento entre las grandes potencias por el conflicto en Siria y el encuentro del Grupo de los Veinte (G-20) en San Petersburgo probablemente será recordado como la antesala de una nueva campaña bélica estadounidense, tan unilateral como lo fue el asalto de Irak en 2003.
 
 
Como ejemplo de las crecientes tensiones, poco antes de inaugurar la reunión en la antigua capital zarista, el presidente ruso, Vladimir Putin, no vaciló en calificar al secretario de Estado, John Kerry, de “mentiroso”, por asegurar que El Kaida (La Base) carece de una presencia significativa en Siria, cuando es de todos sabido que la red fundamentalista creada en los años ochenta por el saudita Osama ben Laden ––entonces era un alfil de Washington en la lucha contra la ocupación soviética de Afganistán––, ha explotado la guerra en el devastado país árabe para recuperarse de todos los golpes sufridos desde Kabul hasta Bagdad, el presunto leit motiv de las expediciones militares del régimen Bush.
 
 
Igual que George W. Bush, precisamente, Kerry, un diplomático mucho más beligerante de lo que prometía como candidato demócrata a la Casa Blanca en 2006, quiere engañar y manipular con el fantasma del extremismo islámico que siempre ha servido a los intereses de Estados Unidos (sin contar el 11-S, claro está). En su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de esta misma semana, llegó incluso a exponer que el Pentágono tendría que intervenir con tropas terrestres en Siria, de caer los arsenales químicos del ejército en poder de “los peores elementos”.
 
 
Pero si fuera necesario refrescar la memoria de Kerry, tan sólo habría que entregarle el cable de AP que apenas el miércoles consignó la aparición de un nuevo grupo que librará la yijad (guerra santa) en Siria, los Muyajedines (guerreros santos) del Cáucaso y de Levante, facción que según el video difundido por el “observatorio sirio de derechos humanos” ––en realidad la oficina de prensa del exilio en Londres–– procede del sur de Rusia y del Cáucaso, aunque no tiene vínculos con el Frente El Nosra y el Estado Islámico de Irak y de Levante, las dos formaciones aliadas o filiales de El Kaida que han cargado con el peso de la lucha superando al “moderado” Ejército Sirio Libre, consentido de Washington y Bruselas.
 
Separado
 
 
Pese a la supuesta separación de los muyajedines, lo cierto es que la mayoría de los combatientes importados del Cáucaso son chechenos radicalizados por su insurrección contra el dominio ruso, aplastada en los últimos años por el Kremlin y que habría inspirado a los propios hermanos Tamerlan y Dzhojar Tsarnaev, autores del misterioso atentado en Boston del 15 de abril.
 
 
Uno de sus grupos más notorios es la Brigada Muhayirín (emigrantes), encabezada por Abu Omar y que proclama abiertamente su simpatía por el Frente El Nosra, de acuerdo con el Centro Kavkaz, que divulga información en inglés sobre los rebeldes chechenos y daguestanos. La unidad, sostiene, “es una de las más activas de los muyajedines que pelean en Siria contra el régimen alauita del presidente Bashar el Assad y los mercenarios iraníes rafiditas (los que rechazan al islam, para los integristas suníes)”. Añade que ha participado en diversas operaciones de gran importancia y que tiene la bendición de Doku Umarov, autoproclamado jefe del Emirato Islámico del Cáucaso, en Chechenia. Esos son los futuros beneficiarios de la ofensiva norteamericana contra Siria; los que se inspiran en el fanatismo medieval del “enemigo” Ben Laden.