Opinión

Amor al migrante en los tiempos de Trump

   
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Este martes, más de cien migrantes fueron recibidos por autoridades federales en el AICM. (Cuartoscuro/Archivo)

El nuevo inquilino de la Casa Blanca también ha despertado reacciones positivas. Una de ellas es el interés de nuestra clase política y de más de un 'especialista' oportuno en los migrantes mexicanos. Uno de estos momentos de exaltación hacia el paisano ocurrió el 7 de febrero pasado (17 días después de que Trump tomara posesión). El presidente Enrique Peña Nieto, un político que nunca se había distinguido por su celo migrante, decidió ir al aeropuerto capitalino a recibir a un grupo de 135 deportados y les dijo “No están solos. No se sientan abandonados. Siempre estarán abiertas las puertas de esta, su casa”.

La cálida recepción del mandatario levantó algunas cejas pues resulta que en su sexenio ya habían sido deportados cerca de un millón de connacionales.

No es criticable el hecho del súbito interés nacional por un grupo de la población que ha sido injuriado duramente por Donald Trump. Sí lo son las promesas vacías y el hacer raja política o mediática del sufrimiento serio y continuo de nuestros paisanos.

En las últimas semanas he sido testigo de la retorcida burocracia mexicana y estadounidense que impide a un paisano obtener la doble nacionalidad y lograr que la Secretaría de Hacienda autorice su salario como asistente de investigación del ITAM.

Las frustraciones de este joven de segunda generación californiano y graduado en una prestigiada universidad de Estados Unidos empezaron hace tres meses.

Le pidió a su mamá que llevara sus documentos al consulado más cerca de su hogar familiar, que resulta ser el de San José, California. Él se sentía tranquilo, pues el anuncio consular señalaba que el trámite no se llevaba más de cinco días hábiles.

La sede consular le informó a su mamá que no podría hacer el trámite porque su apellido tenía un error ortográfico en su acta de nacimiento
–su apellido materno tenía una 's' en vez de una 'c'–. Me confiesa con esa humildad extraordinaria de nuestros paisanos: “para la gente como mis papás sin estudios es muy difícil detectar ese tipo de errores”.

La mamá no tuvo otro remedio que ir al registro del condado de Monterrey, California, para obtener una nueva acta sin errores. El trámite se le complicó, pues debería llenar una solicitud compleja de enmienda de acta. Además, le dijeron que el proceso tardaría por lo menos tres meses.

Sobra decir que este joven vive de su sueldo y la Ciudad de México no es un regalo. Ni hablar, ya desesperado, aprovechó la Semana Santa para ir a California a apurar el trámite. Le habían informado en México que el consulado de Sacramento sí aceptaría un error de solo una letra. Pero sorpresa. La sede de Sacramento tenía tanta demanda de documentos que no le otorgó la cita.

No tendría otro remedio más que tramitar su acta de nacimiento mexicana en el Registro Civil de la Ciudad de México, para lo cual tuvo que sacar una acta de nacimiento original en Monterey, California (20 dólares) y después echarse un viajecito de seis horas (ida y vuelta) a la oficina del secretario de Estado en Sacramento para que le apostillaran la susodicha acta de nacimiento estadounidense con el error (26 dólares más gastos de viaje).

Una vez en la Ciudad de México intentó fallidamente hacer una cita por teléfono al registro civil. Se ausentó una mañana del trabajo para lanzarse a Arcos de Belén a ver si conseguía la cita.

La recepcionista que lo atendió lo batió insistiéndole, “tienes que hacer cita por teléfono”. Se dio manera de hablar con una empleada quien compadecida lo puso en contacto con el departamento que recibe los papeles.

A pesar de su apuración, la cita se la difirieron para 10 días después. Ante su insistencia, le dijeron, sin compromiso ven en cuatro días a ver si te podemos ayudar.

Llegó esperanzado a la cita. Una recepcionista revisó sus papeles y le informó que estaban completos. Pero una vez que pasó al departamento en cuestión, volvieron a revisar los documentos y se dieron cuenta que la traducción de su acta estadounidense que le costó 750 pesos, no era válida. La razón era que la perito traductora no tenía licencia para la Ciudad de México.

Ya encontró otro perito. Pagó otros 750 pesos de traducción y aprovechó el asueto del día de la madre para ir a Arcos de Belén. Finalmente le aceptaron la documentación. Se tardarán 10 días hábiles para revisar sus documentos. Tendrá que acudir nuevamente para que le digan si todo está bien, y el acta tardará otros tres días (el costo será de otros mil 98 pesos).

Una vez con el acta mexicana deberá acudir a sacar su CURP a la Secretaria de Gobernación. Esto lo tiene muy preocupado. Para obtener la CURP requiere una identificación oficial mexicana, la cual obviamente no tiene.

Me dice que los amigos que le han prestado ya le sacan la vuelta.

No es malo el cariño a los migrantes mexicanos en los tiempos de Trump. Realmente están siendo sujetos a un terrible acoso por parte de las autoridades de ese país. Ante esta dura realidad, se requieren flexibilizar los procesos en México y, desde luego, menos promesas y más acciones ante una población dolida y señalada por el abusivo que despacha en la Casa Blanca.

Twitter: @RafaelFdeC

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