Opinión

AMLO y Trump

29 noviembre 2017 9:10
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AMLO

En 2015, al tomar forma la campaña presidencial de Donald Trump en Estados Unidos, el consenso entre los analistas políticos concluyó que el pensamiento (es un decir) del republicano se podía describir como “populismo”. En México, Andrés Manuel López Obrador entra a la recta final de su tercera campaña presidencial agitando la misma bandera.

Aunque la comparación irrita visiblemente al dueño y candidato de Morena a la presidencia de México, el parecido entre las posturas de ambos políticos resulta evidente.

Estrategia de División
El método de populismo que escogieron ambos es el del enfrentamiento y la división entre amplios segmentos de la sociedad. Trump empezó su campaña llamando “violadores y criminales” a los inmigrantes mexicanos, se tardó una eternidad en acercarse a la comunidad afroamericana, la emprendió contra los musulmanes y hasta empleó anuncios con cierto tufo de antisemitismo, a pesar de que su yerno Jared Kushner y su hija Ivanka profesan la religión judía. Ya en funciones como presidente, Trump ha confirmado en varias instancias su apoyo y afinidad con los blancos, y hasta con los supremacistas, a quienes, en medio de contradicciones no ha acertado a condenar más que a regañadientes.

López Obrador, por su parte, hace exactamente lo mismo, aunque basado en premisas adaptadas a la realidad mexicana. Aquí, la lucha ­es entre el “pueblo bueno”, cuyo requisito para serlo es apoyarlo sin reservas, y la “mafia del poder”, que somos todos los demás. No importa que en sus huestes proteja a pandillas francamente delincuenciales, como la CNTE y los huachicoleros. Mientras crean y voten por él, todo está perdonado.

Desprecio por la Ley
Trump y López Obrador operan bajo la impresión de que la ley es aplicable a todos los demás, pero no a ellos. Esta idea se refuerza en ambos porque así han actuado en el pasado, y se han salido con la suya.

Trump tiene una larga historia judicial en Estados Unidos. Es, sin duda, el personaje con más demandas en la historia que ha llegado a la presidencia. Con maniobras jurídicas, no paga impuestos, no paga salarios ni deudas a trabajadores y proveedores de sus hoteles, no le paga a los bancos por las deudas que contrae, realiza operaciones fraudulentas de bienes raíces y hasta tuvo que cerrar su universidad al perder una demanda de sus alumnos timados. Ya como presidente, sigue tratando de intervenir en la impartición de justicia para beneficiar amigos y perjudicar enemigos políticos y personales. Algunos en el Congreso tratan de enfrentarlo, pero es incierto si lo podrán detener.

A López Obrador tampoco le cuadra ajustarse a la ley. Cuando ganó la jefatura de gobierno en 2000, no llenaba el requisito de residencia en la ciudad para contender, pero amenazó a la autoridad electoral de entonces con bloqueos interminables, y el IEDF cedió ante la presión, y le otorgó el registro de manera claramente ilegal. Luego vino el desacato al poder judicial que por poco provoca su destitución. Ahora, lleva años incurriendo en actos anticipados de campaña, mientras el INE hace como que la Virgen le habla. Es una vil extorsión. Su amenaza de movilizar masas aun le funciona. Y el tema de los manejos financieros de Morena, es digno de artículo aparte.

Guerra contra los Medios
Un tema recurrente para Trump ha sido el ataque consistente a los medios que lo critican, acusándolos con su frase favorita (“fake news”) de fabricar información que le es negativa. En realidad, el principal fabricante de noticias falsas es el propio Trump, quien, según un conteo del Washington Post, rebasa ya las mil declaraciones demostrablemente falsas en lo que va de su administración.

Desde el “cerco informativo”, en donde López Obrador acusó falsamente a los medios de bloquearlo, su relación con periodistas ha sido hostil, opaca y difícil. Quiere tapetes, no entrevistadores, y por desgracia, hay quien se presta.

Y hay otras similitudes, como el nepotismo, la necedad, el nacionalismo malentendido, la postura antiaborto y más. La administración Trump ha sido caótica, desgastante, conflictiva y divisoria. Añada usted las coincidencias con Maduro, y el resultado de una victoria de Morena puede ser letal.

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