Opinión

AMLO y Trump, aliados involuntarios

 
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amlo trump

Las narrativas de AMLO y de Trump son espejo una de otra. Viniendo de historias personales diametralmente opuestas, ambos hablan de las mafias del poder, ambos dudan de resultados que no los favorezcan, ambos aseguran complots en su contra, ambos critican al sistema electoral, ambos tienen soluciones mágicas y sencillas a problemas extraordinariamente complejos. Ambos cuentan con seguidores incapaces de tocarlos —o dudarlos— “con el pétalo de una rosa, o con el agravio interior de un pensamiento”, para éstos, sus mesías son infalibles.

Ambos han convencido a gente con reputación razonable de venderle su alma al diablo para estar cerca del poder, a pesar de no estar necesariamente de acuerdo con sus ideas. A diferencia del primero, el segundo ya está teniendo que lidiar con una realidad que neciamente se rehúsa a rendirse ante sus recetas simplistas.

Habiendo tenido a AMLO en Nueva York en estos días, constato además que fue incapaz de reunirse con críticos potenciales. Escogió con pinzas a quienes iban a sus eventos, ya fueran 'líderes comunitarios' o 'empresarios', fue una producción teatral. Dios lo libre de tener que enfrentar la crítica real, o tener que responder preguntas serias. Hasta Enrique Ochoa se expuso en esa ciudad a situaciones difíciles al asistir a eventos no 'censurados'. Pero, los mesías no tienen por qué codearse con mortales.

Si de por sí la situación económica y política del mundo está en un punto históricamente crítico, cuando salimos de la peor crisis desde la Gran Depresión, hay que lidiar además con la personalidad de líderes ególatras que buscan fortalecerse a partir de inflar enemigos, reales o ficticios, para asustar y mostrarse como el héroe capaz de guiarnos a la tierra prometida. Citando a Carlos Elizondo, apuntalan su popularidad en 'La nostalgia del pasado' (http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-elizondo-mayer-serra/2017/03/09/1150993).

Irónicamente, es el propio Trump quien más fortalece a AMLO. No faltará quien lo vea como el macho nacionalista capaz de defendernos de Masiosare, pero más que eso, los tiempos de la Casa Blanca nos afectan.

Wilbur Ross, secretario de Comercio estadounidense, dijo que la negociación del TLCAN comenzará a fin de año, buscando concluirla a mediados del que viene.

Muchos dicen que prefieren ese calendario porque nos debilita; yo dudo que tengamos tanta importancia. Más bien, nos están mandando a la cola. En este momento enfrentan temas infinitamente más pesados: trumpcare y la reforma fiscal.

El reciente dictamen del CBO, la oficina presupuestal no partidista del Congreso, pronosticando que hasta 24 millones más de estadounidenses perderán su acceso a seguro médico como resultado del plan propuesto, es una bomba. Pone a la administración Trump en colisión directa no sólo con senadores y representantes demócratas, como sería natural, también con buena parte de los republicanos.

Algunos de ellos querían ver que simplemente se derogara el obamacare y se empezara de cero, otros querrían que lo reemplace una solución radicalmente diferente y mucho más cimentada en las fuerzas del mercado. En vez de eso, se propone una solución muy parecida a la existente, pero que afecta gravemente a la parte más pobre de la población, y a los mayores de 65 años, como estrategia para reducir su costo fiscal.

Además, el país en general, y los mercados financieros en particular, se mantienen en espera de la muy cantada reforma fiscal que reducirá fuertemente la tasa impositiva a corporaciones y a individuos, eliminando quizás el impuesto a la herencia, y simplificando drásticamente el régimen fiscal. ¿Cómo hacerlo sin detonar un déficit fiscal mucho mayor? El diablo está en los detalles, y a muchos les urge analizarlos.

Estas dos batallas campales se comerán el calendario legislativo del segundo semestre. Mientras tanto, continuarán las deportaciones, licitarán la construcción del muro, y seguirán cumpliendo promesas de campaña que carezcan de costo político. Pero no hay espacio para una batalla legislativa alrededor de temas comerciales.

Si la negociación se pospone al año que viene, ocurrirán dos cosas: Primero, se pospondrán decisiones de inversión nacionales o extranjeras en México en áreas potencialmente afectadas por cambios al TLCAN (es decir, todas). Eso reducirá pronósticos de crecimiento, favoreciendo a AMLO.

Segundo, los tiempos electorales, tanto en México como en Estados Unidos (que también tendrá elecciones de medio término, muy cuesta arriba para los demócratas, por tener más asientos en juego), harán infinitamente más enredada la interacción legislativa en ambos lados del río Bravo. Afortunadamente, se van alineando los esfuerzos de cabildeo de empresas en sectores potencialmente afectados en Estados Unidos, particularmente aquellas que exportan productos agropecuarios, pero la incertidumbre electoral, la posibilidad de que legisladores en funciones sean amenazados por elecciones primarias de sus propios partidos, y la influencia de fuerzas de cabildeo mayores (como las que inciden en trumpcare), hacen mucho más incierto el panorama.

Si, además, surgiera cualquier conflicto geopolítico en los próximos meses -algo cuando menos posible-, peor aún.

Quién iba a decirlo. Además de parecerse, resulta que Trump será el mejor aliado de AMLO.

Twitter: @jorgesuarezv

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