Opinión

AMLO, desdibujado

   
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Morena

Las escenas suenan familiares, pero no dejan de ser sorprendentes: Andrés Manuel López Obrador fuera de sus casillas. Lo lograron quienes lo interrumpieron en una reunión con migrantes en Nueva York. Pero vámonos paso por paso. Andrés Manuel siempre manifestó su resistencia a ir a la extranjero. Jamás se paró a apoyar a los migrantes hasta este año. Hasta hace poco se ufanaba de no tener pasaporte. Entre los culpables de nuestros males él siempre ha nombrado a “los extranjeros”.

Lo primero que llama la atención es que el juarista número uno del país, Andrés Manuel López Obrador, hiciera su reunión con paisanos en el salón de una iglesia. Poco después de iniciada la reunión algunos de los asistentes lo increparon; él llamó a la calma, después la perdió (la calma) y terminó abruptamente el mitin. Posteriormente salió y se subió a una camioneta negra, ya instalado en la “mafia del poder”. Pero ahí no acabó la cosa, pues en la calle lo abordó el padre de uno de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos. Le reclamó –de lo que se ve en el video– su oportunismo político, pues apoyó en Iguala al funesto alcalde Abarca. López Obrador reaccionó como lo que es: un hombre intolerante con arranques violentos. Le dijo “provocador” al reclamante; le dijo que debería reclamarle a Peña y al Ejército (lo que significa que AMLO piensa que el Ejército es el causante de la tragedia de Ayotzinapa, detesta a las Fuerzas Armadas, las culpa de todo). Finalmente terminó diciéndole al padre del estudiante: “¡cállate!”, con ese gesto de rabia que se hizo tan famoso con aquel grito de 2006: ¡Cállate chachalaca!, en referencia al entonces presidente Fox.

Para quienes creían que López Obrador había cambiado, ahí lo tienen de nuevo en su esencia. No se puede comportar. Ahora hasta abrigo le pusieron, el pobre tenía una cara de que extrañaba los cocos y las palmeras borrachas de sol. Pero peor aún es querer hacerlo ordenado y respetuoso. Para colmo no pudo ir a la ONU por la nevada. Un fracaso de gira.

El intento de civilizar a López Obrador no ha llegado muy lejos. Desplazó a los suyos para recibir lo mismo a los seguidores del 'góber precioso', que personas vinculadas con las televisoras. Parece un candidato del PRI, rodeado de viejos caciques y de neoliberales radicales. Sus 'adquisiciones' son personajes que se quedaron fuera del poder hace veinte años. En un texto por demás revelador titulado “AMLO y la nueva arca de Noé” (La Jornada 14/03/17), el director editorial de La Jornada, Luis Hernández Navarro, describe cómo ha llegado esa campaña a recibir a quien es miembro (Alfonso Romo) de una institución educativa que encabeza el expresidente español y símbolo de la derecha iberoamericana, José María Aznar; que Romo había sostenido que a Salvador Allende se le debía enjuiciar “por asesino” (no hay que olvidar que Allende es un modelo de vida para AMLO y lo cita en sus mensajes a la juventud). Hernández Navarro menciona que la visita a Chiapas de Andrés Manuel fue una muestra de músculo, pero que subió al templete cualquier cantidad de indeseables y que eso le reclaman los jóvenes al candidato. Es una muestra, sostiene Hernández Navarro, del “desdibujamiento” del proyecto. Y tiene razón, basta verlo en su fracasada gira por Nueva York para verlo desdibujado, pero en su tinta.

Twitter: @JuanIZavala

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