Opinión

AMLO, conciliador

  
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AMLO

A López Obrador ya no le conviene un conflicto magisterial ni puede beneficiarse de un país en llamas. No le hace falta apostar a la ingobernabilidad. La aprobación del presidente ya está por los suelos. De acuerdo a la última medición de Buendía & Laredo, 63 por ciento de los mexicanos rechaza la gestión de Peña Nieto, un mínimo histórico en un país donde los población tradicionalmente es permisiva con la figura presidencial. En este contexto, los plantones y bloqueos de la CNTE sólo sirven para que los detractores de AMLO apunten con el dedo y señalen que ésos son los aliados del tabasqueño, que ése es el desorden que Morena solapa.

Es predecible que en la campaña presidencial –que inicia en año y medio– los adversarios de López Obrador buscarán exhibir su cercanía con quienes han generado caos y desabasto; su mejor argumento para revivir la campaña negra del “peligro para México”. Por eso se explica la reciente moderación en el tono de López Obrador, su distancia con las posiciones más radicales de la CNTE y su sorpresiva declaración de que no hace falta derogar la reforma educativa, que basta con revisarla. Con sólo asumir esta posición, AMLO ha dejado de ser el instigador del conflicto y se ha colocado como el artífice de una eventual conciliación.

Sin embargo, otro tema es la respuesta de la CNTE. Un sector del magisterio disidente podría sentirse traicionado por AMLO. Los dirigentes sindicales saben que si López Obrador no avala sus movilizaciones, quedan políticamente aislados en el ámbito nacional. Sin embargo, será difícil que los maestros se resignen a volver a las aulas con las manos vacías. No hay que olvidar que para la CNTE resulta prioritario que no se implemente la reforma educativa, y que en el ámbito local, particularmente en Chiapas y Oaxaca, dicha organización mantiene vínculos estrechos con grupos radicales que viven de extorsionar al gobierno.

Con sus movilizaciones de los últimos meses, los maestros lograron sembrar dudas razonables sobre la reforma educativa, fueron blanco de una persecución judicial (se iniciaron procesos en contra de varios de sus líderes), y en Nochixtlán y otros lugares se registraron casos de brutalidad y de represión por los que el gobierno todavía no ha rendido cuentas. La coyuntura actual es la última oportunidad de la CNTE para recuperar el control que perdió el año pasado sobre el presupuesto de la educación pública en Oaxaca y otros estados. La alternativa es resignarse a quedar gradualmente en la irrelevancia.

La moderación de AMLO no es el único factor nuevo en el conflicto magisterial. Hace apenas unos días la SEP parecía rebasada por la crisis. Sin embargo, Aurelio Nuño encontró una fórmula para cambiar el juego a su favor: abrir el debate de una reforma educativa amplia –es decir, una discusión sobre los objetivos, contenidos y métodos del modelo educativo– y no meramente sobre el régimen laboral de los maestros. El secretario de Educación Pública presentó el nuevo modelo arropado por el SNTE, por académicos prestigiosos y por el sector empresarial. Junto con una propuesta curricular, se incluyó un documento inobjetable que describe “los fines de la educación en el siglo XXI”. Este documento promete la creación de un sistema educativo que tome en consideración las necesidades particulares de cada comunidad, y que contribuya a la formación de ciudadanos bilingües, críticos, cultos, versados en tecnología, competentes en el mercado laboral y comprometidos con la democracia y los derechos humanos.

Con la presentación del nuevo modelo educativo, sumada a las declaraciones de AMLO, se desvanece el riesgo de una revuelta generalizada en contra de la reforma educativa (un riesgo que pareció real después de los hechos de Nochixtlán, y de que algunos maestros comenzaran a movilizarse en estados donde la presencia de la CNTE es marginal). Además de rescatar la reforma, el anuncio del nuevo modelo educativo permitirá a la SEP definir los temas de la agenda educativa del país durante el resto del sexenio (el nuevo modelo habrá de discutirse en los próximos meses e implementarse por primera vez en el ciclo escolar 2018-2019, el último del sexenio de Peña Nieto). La CNTE, por su parte, se verá obligada a sentarse en la mesa junto con otros interlocutores, o bien autoexcluirse y dar la razón a quienes la identifican como una organización radical e intransigente.

Parece inevitable que la movilización de rechazo a la reforma educativa pierda fuerza en las próximas semanas. Sin embargo, también es probable que los sectores más radicales de la CNTE endurezcan su posición, y que se sigan registrando hechos de violencia y escenarios de alto riesgo (ante el anuncio del nuevo modelo educativo, maestros de la CNTE respondieron quemando autobuses en Michoacán, y ayer bloquearon el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez). Para desactivar el conflicto magisterial resultará crítico evitar que las provocaciones culminen en nuevas tragedias.

Twitter: @laloguerrero

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