Opinión

Amenazas militares

Los comandantes de las Fuerzas Armadas están enojados y están hablando muy fuerte. Directos, intimidantes, amenazadores. Lanzan mensajes hacia el aparato político del gobierno y para todos aquellos grupos y personas que usan la violencia como método de lucha. En sus palabras se asoman rasgos de intolerancia, contra los críticos y disidentes del gobierno. Se extrañan de que no haya uniformidad de pensamiento alineado al presidente, y muestran sus colmillos. No hay duda, los tiempos difíciles mexicanos anuncian que los que vienen serán peores.

Los secretarios de la Defensa y de la Marina han estado apareciendo en público en las últimas semanas para emitir mensajes que han sido oídos con atención. Pero lo que se escucha salir del pensamiento del general secretario Salvador Cienfuegos y del almirante secretario Vidal Soberón, es inquietante. Más aún porque, entendiendo que en el gobierno de Enrique Peña Nieto la verticalidad es dogma y no hay mensaje que se haga público sin pasar por la aprobación o el veto de la Oficina de la Presidencia, puede decirse que sus amenazas tienen como fuente de origen la casa presidencial.

El último de estos discursos fue el miércoles, cuando en la reunión de fin de año con los medios de comunicación, el secretario de la Marina, Soberón, dijo en el contexto de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa: “me llama mucho la atención ver actores o agrupaciones que se dediquen a tratar de desacreditar lo hecho por el gobierno federal, y me enoja más todavía que manipulen a padres de familia, que manipulen a esta gente porque eso están haciendo, pues están manipulando para no reconocer o para seguir incrementando esto”.

¿A qué y a quiénes se refería? Los periodistas le preguntaron y el almirante respondió: “está perfectamente claro. Hay grupos y personas que, creo, no hay necesidad de contestar exactamente quiénes son. Salen en televisión y tienen ahí su nombre. Este grupo que aparece en todos lados, está cerrando caminos y además está buscando otro tipo de cosas”. El secretario, efectivamente, no tenía que llamar a nadie por su nombre. Se refería a la disidencia magisterial que tiene su corazón en Oaxaca, al vocero de los padres, Felipe de la Cruz, y al abogado de Ayotzinapa, Vidulfo Rosales.

Los maestros disidentes son quienes junto al ala radical de Ayotzinapa, cierran caminos y buscan “otro tipo de cosas”, que es la abrogación de la reforma educativa. De la Cruz, que chocó con el procurador general Jesús Murillo Karam cuando quiso amenazarlo que si no cumplían sus exigencias cerrarían carreteras, superó la descalificación de los padres en aquel momento, y recuperó el liderazgo entre los padres normalistas. Su discurso está en la misma línea de los maestros disidentes, y la búsqueda de inestabilidad, en la estrategia que tienen con la guerrilla. Rosales es asesor jurídico del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, que forma parte del Movimiento Popular de Guerrero, el frente de masas de la guerrilla, y ha participado en actos de organizaciones fachada del ERPI.

Para ellos fueron las amenazas del almirante, cuya beligerancia dejó ver el mazo. Lo mismo sucedió un día antes con el secretario de la Defensa, Cienfuegos, quien afirmó: “Ante (los) hechos que han cimbrado al país, la mentira, el reproche, la crítica infundada, la violencia y la intolerancia poco abonan”.

¿A quién se refirió?¿Al 70 por ciento de los mexicanos que reprueban la gestión del presidente? ¿A los medios de comunicación? ¿Los periodistas? ¿Los políticos? ¿Los empresarios?¿Las organizaciones de la sociedad?¿Iguala a rajatabla la violencia con el derecho a la libertad de expresión? ¿Acaso el general está amenazando con coartar las garantías individuales? ¿Cómo distingue la crítica fundada de la infundada? ¿Por qué encuentra en la paja en ojo ajeno la razón de su indignación?

Los comandantes también han dado muestras de no estar contentos con lo que están haciendo los políticos del gobierno al que sirven. Dos discursos previos revelan su desacuerdo. Del general Cienfuegos, cuando al hablar sobre la suspensión del desfile del 20 de noviembre dijo: “yo no lo cancelé; lo cancelaron ellos”. Es decir, los políticos en el gobierno. Del almirante Soberón, cuando el Día de la Armada afirmó que, por sobre los tiempos actuales, prevalecerá la Marina. ¿Y el gobierno peñista no?

Las proyecciones militares a través de los discursos, cambian en función de los humores en la Presidencia, donde les dictan cuándo hablar y qué decir. De esta forma, los secretarios han transitado del discurso que retoma de la experiencia del 2 de octubre de 1968, cuando las malas decisiones políticas los llevaron a las calles a reprimir mexicanos, a la retórica previa a la matanza de Tlatelolco, cuando todos fuera de las instituciones de gobierno eran enemigos. No hubo matices en el verano de 68; no los hay en el invierno de 2014.

El almirante Soberón dijo estar enojado por las manipulaciones. Cuidado. Cuando un militar se enoja, sus subalternos pueden decodificarlo como una orden para actuar. El secretario de la Marina ya dio la lista de los enemigos del gobierno; el de la Defensa, amplió el catálogo. Tras estas apariciones públicas, se reconfirma la confusión estratégica del gobierno. Que los jefes de las Fuerzas Armadas saquen los colmillos indistintamente para amenazar a quien es violento y a los que disienten del presidente es propio de dictaduras, no de democracias. No se equivoquen. Para estos efectos, 1968 fue ayer.

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