Opinión

Amenaza de verdad

    
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TLCAN

Preocupados por el fin del TLCAN, o por el muro, buena parte de los mexicanos no ha percibido la verdadera amenaza del gobierno estadounidense: la modificación de su estructura fiscal.

Desde la campaña, y al inicio de la administración Trump, el gran riesgo era la aprobación de un impuesto de compensación en la frontera (Border Adjustment Tax, era su nombre). Se trataba de un arancel disfrazado, y podía combatirse tanto dentro de las instituciones del TLCAN como en la OMC, aunque podía causar un desajuste serio por varios meses, hasta que se ganara su derogación en las instancias mencionadas. Afortunadamente no hubo necesidad de ello, pero hubo momentos de gran preocupación al respecto.

La reforma fiscal que ayer fue presentada de manera formal es una amenaza mucho mayor. No tiene relación directa con el comercio exterior, de forma que no podemos pelearla ni en TLCAN ni en OMC. Es muy popular con algunos segmentos de la población estadounidense, de manera que tiene posibilidades de aprobarse. Y nos va a complicar la vida.

Aunque Trump la festeja como propia, se trata de una reforma que los republicanos llevan años intentando promover. La idea central es reducir impuestos, especialmente para empresas y grupos de población de alto ingreso. Esos son los votantes de los republicanos, y por ello les interesa. Afirman que promoverá mayor actividad económica, aunque desde los tiempos de Reagan sabemos que eso no es muy cierto. Reducir impuestos a personas de altos ingresos más bien promueve un mayor consumo de bienes y servicios de muy alto precio, y eso abre posibilidades a algunas empresas, pero el efecto neto no parece ser muy positivo.

La reducción de impuestos a empresas, en cambio, sigue siendo una propuesta con mucho sustento. No existe ninguna razón para que una empresa pague impuestos, salvo evitar que sus dueños no lo hagan. En el fondo, quienes deben pagar son las personas, no las empresas. Una empresa genera empleos, produce bienes y servicios, utiliza capital, de manera que limitar su actuación no es buena idea. En un mundo ideal, las empresas deberían pagar cero impuestos, mientras que sus dueños deberían pagar tasas elevadas. El asunto es que no es fácil evitar que los dueños manejen la contabilidad para esconder sus ganancias, y es por eso que todos los gobiernos le cobran impuestos a las empresas: para evitar la elusión.

Precisamente ahí es donde está la gran amenaza de la reforma fiscal de Estados Unidos. Una de sus propuestas es reducir la tasa federal de impuesto a las empresas a 20%. Si eso se aprueba, nosotros estamos en problemas, porque cobramos una tasa muy superior a eso, y además le sumamos un concepto que no se usa en Estados Unidos, pero que es un costo para los accionistas: la participación de utilidades. Entre las dos cosas, en México un empresario debe entregar 45% de sus utilidades al fisco o a sus trabajadores. Si de pronto en Estados Unidos la tasa se va a 20%, ¿por qué seguir en México? Y si el TLCAN sigue existiendo, peor, porque mover la dirección fiscal, y distribuir precios de trasferencia no cuesta mucho trabajo.

Como usted sabe, el gobierno mexicano no tiene dinero suficiente para hacer lo que le hemos encargado. Para evitar complicaciones, han reducido el gasto en infraestructura a casi cero: la obra del aeropuerto, algo de mantenimiento, y nada más. Ajustar el ISR a empresas a 20% podría costarnos medio punto del PIB, que no hay de dónde compensar. Y en eso no hay ni el absurdo del muro, ni el rechazo general a abandonar el TLCAN. Ni siquiera es contra nosotros, pero igual nos va a costar. Por eso es una amenaza de verdad.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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