Opinión

Amé hasta la locura

 
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Rosario Robles.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés pensaba en el amor. Ya quedamos en que cada quien piensa en lo que le da su regalada gana. Resulta que Carlos Ahumada demandó desde Argentina al PRD y a su ex dirigente Rosario Robles por la cantidad de 520 millones de pesos. Ahumada sostiene que prestó dinero al partido para comprar publicidad y que el perredismo nunca le pagó. Cuando Gil piensa en la historia de Carlos Ahumada y Rosario Robles, sólo se le ocurren títulos de telenovelas: Muchacha maoísta viene a casarse, Píntame contratos negros, Rosario la del barrio, La pícara soñadora, El maloficio, Mudo de juguete, en fon.

La lectora y el lector recuerdan la trama: Rosario y Ahumada sostuvieron un tórrido romance. Ella era la dirigente del PRD; él, un empresario corrupto que parecía audaz y valiente (como Pancho Pantera). En esos tiempos prendía usted la televisión y Rosario encabezaba multitudes entusiastas; el empresario, por su parte, compraba equipos de futbol, obtenía contratos en las delegaciones, fundaba un periódico, una edad dorada envolvía a los enamorados. Ella cantaba: non, je ne regrette rien, como si fuera Edith Piaf; él, Crystal Blue Persuasion como si fuera el mismísimo Tommy James and the Shondells. Gilga sabe que el amor, la política y los negocios siempre terminan mal y esta histoire d’amour no fue la excepción. Que si le prestas una lana al partido y luego te la pagamos. Tengo unos contratos en la delegación Gustavo A. Madero, ¿se podrán destrabar? Sí, mi amor; ¡Salud!, por nosotros. Por nosotros. Y como dicen los poetas: se jodió la bicicleta.

Edictos

Según una nota de su periódico La Jornada, un juez federal en materia civil de la Ciudad de México emplazó por medio de edictos a Rosario Robles Berlanga, secretaria de Desarrollo Social, para que en un plazo de 84 días hábiles conteste y se defienda de la demanda mercantil por 520 millones de pesos. Según Ahumada, de sus cuentas bancarias y sus empresas salieron 400 millones de pesos que exige se le paguen, más los intereses. Adiós al amor.

El empresario fullero se dio cuenta que el asunto de los dineros y los contratos no prosperaba. Era el año de 2003. Si Gil no mal recuerda, Ahumada había decidido grabar a los personajes del perredismo que pasaban por sus oficinas para protegerse de los embates de Liópez. De ese lodazal vienen los videoescándalos de Bejarano e Imaz. Sí, sí, el mismo Bejarano que aparece como un actor político que habla seriamente de las elecciones y expone sus puntos de vista, el mismo que se llevó el maletín con pacas de dinero. Ya quedamos en que la moral es un árbol que da mareos.

Gil imagina este diálogo: que dice el licenciado Salinas que aquí te manda este libro con citas de Mao; te invito, vamos a verlo a Londres. El relato completo de ese episodio puede leerse en una obra miserable que Gilga conserva: Derecho de réplica, publicado por Grijalbo en el año 2009. Ahumada decidió grabar a Rosario Robles. Cuenta esto el honorable Ahumada Kurtz: “al terminar la primera grabación, creo que ella percibió algo y me dijo: ‘Oye, pareces ministerio público. No me grabaste, ¿verdad’. Me levanté. Nada más me sonreí, porque lamentablemente sí lo había hecho”. Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: he aquí un mentecato.

Ojos brillantes

Cuenta Ahumada que cuando Salinas vio el video de Bejarano recibiendo el maletín y metiéndose fajos de billetes en las bolsas del saco, “le brillaban los ojos y sonreía. Dijo algo así como: ‘Es muy, muy duro, devastador. Con esto están acabados”. Gilga considera que en efecto, no le faltaba razón al ex presidente: fue devastador, pero no los acabó, ni de lejos.

Pero Gamés se desvía. De acuerdo con los abogados allegados a Rosario Robles, la secretaria ordenó desde hace varios meses elaborar una denuncia penal contra Ahumada por diversos delitos, entre ellos robo de documentos públicos y privados. Caracho, ya ven, muchachos, por andar mezclando la gimnasia con la magnesia. Gamés iba a escribir una moraleja: esta es la historia de dos codiciosos, en fon, la verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Grupo Higa), sólo se le ocurren frases de canciones muy tristes, como ésta: Quisiera abrir lentamente mis venas mi sangre entera verterla a tus pies / para poderte demostrar / que más no puedo amar / y entonces morir después / Sombras nada máaas / acariciando mis manos / sombras nada máaas en el temblor de mi voooz. Gil es muy sensible a las historias de amor desdichado y se le arrasan los ojos. Total: un potrero de corrupción.

La máxima del marqués de Sade espetó dentro del ático de las frases célebres: “En el amor todas las cumbres son borrascosas”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

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