Opinión

ALTIBAJOS SECTORIALES: Sequías: llegaron para quedarse


 
Mariano Ruiz_Funes
 
El lunes pasado fue el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que proclamó la Organización de las Naciones Unidas desde 1995. Más allá de que ahora todo es “conmemorable”, el INEGI aprovechó la ocasión para informar que “las tierras secas de México ocupan aproximadamente 101.5 millones de hectáreas, poco más de la mitad de nuestro territorio”. Además, que la degradación del suelo afecta a 43.6 millones de hectáreas. Si bien buena parte de esas tierras son zonas áridas, semiáridas y subhúmedas también corresponden, y cada vez en mayor medida, a áreas de vocación agropecuaria. Se estima que 64% de la superficie agrícola se encuentra sometida a erosión hídrica y 94% a erosión eólica, en distintos grados
 
Durante los últimos años los fenómenos meteorológicos en México, y en especial las sequías, han sido particularmente severos. Sólo en 2011 se registraron: la peor helada de que se tenga registro en el noroeste del país, lo que afectó la producción de maíz de Sinaloa y requirió utilizar el doble del agua disponible en las presas para la resiembra; graves inundaciones en la zona del Golfo (sobre todo en Tabasco), con elevadas pérdidas de cultivos tropicales y de caña de azúcar; heladas atípicas en el Altiplano, que redujeron sustancialmente la producción de cebada en ese año; y la sequía más severa en 70 años, que afectó 75% del territorio nacional (40% con sequía excepcional).
 
En los primeros meses de 2013 nuevamente se registraron sequías aunque, hasta la fecha, de menor intensidad que las anteriores. Estas se han focalizado en los estados fronterizos y del centro-norte. Las afectaciones se han dado sobre todo en la ganadería y, al cierre de mayo, el almacenamiento de agua en presas se ubicó en sólo 29%de la capacidad total, en comparación con 39% en el año anterior. No hay duda de que ya no se trata de fenómenos aislados, sino cada vez más frecuentes y de mayor intensidad, asociados al cambio climático.
 
De ahí la necesidad de fortalecer las acciones y programas tanto de prevención como de mitigación. Entre los primeros destacan: la tecnificación del riego agrícola (hay casi dos millones de hectáreas tecnificadas, frente a un universo potencial de 8 millones); la construcción de infraestructura ganadera para retención y almacenamiento de agua; la reconversión productiva (sólo se han reconvertido 740,000 hectáreas, cuando las necesidades son del orden de 3 millones), de trigo a productos perennes, de frijol a forrajes y de maíz a oleaginosas; la diversificación regional de los cultivos, como ocurrió en 2012 con la instrumentación exitosa de siembras emergentes de maíz en el sur-sureste del país, para compensar las pérdidas derivadas de la helada en Sinaloa; el impulso a la agricultura protegida o controlada, en la que existen 5,500 hectáreas, pero el potencial es enorme; y la restauración forestal en microcuencas de zonas afectadas por sequías, que en este año se realizará en 6,000 hectáreas.
 
En cuanto a la mitigación, el instrumento básico es el seguro agropecuario. Si bien se han registrado avances importantes, todavía no existe una cultura de aseguramiento en el sector y hay escasa competencia entre los oferentes, dado que sólo operan cuatro aseguradoras privadas y la aseguradora pública (Agroasemex) sigue siendo el jugador dominante. En 2013 se cubrirán 10 millones de hectáreas y 6 millones de cabezas de ganado, lo que representará sólo 45% y 19% del total asegurable, respectivamente.
 
Las acciones y programas se orientan en la dirección correcta; sin embargo, avanzan mucho más lentamente que lo que se requiere para afrontar con éxito las contingencias climatológicas. Todavía persisten múltiples duplicidades, burocratismo y deficiente asignación de los recursos. El caso de los apoyos a tecnificación de riego y agricultura controlada entre Sagarpa y Conagua es el más evidente.
 
 
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