Opinión

Alianzas y negociaciones

10 febrero 2014 5:9 Última actualización 06 agosto 2013 5:20

 
 
Enrique Gutiérrez Márquez
 
 

Resulta sorprendente que frente a los procesos electorales del día 7 de julio que estuvieron acompañados por acusaciones de que el Ejecutivo Federal 'desvió' recursos públicos para favorecer a los candidatos del PRI, y que ese hecho puso en riesgo la 'estabilidad' del Pacto por México e incluso obligó a signar una agenda en la que se comprometieron a 'respetar la Constitución', los partidos de oposición no respondan contundentemente y más bien se mantengan en la lógica de conservar sus espacios de privilegio y los equilibrios en sus institutos.
 
 
La coyuntura nos sugiere la lectura de un PRI --en el Ejecutivo Federal-- que empleará toda la estructura gubernamental para mantener una presidencia fuerte y poner 'orden en el país'.
 
 

No obstante, habrá que ver si esa fortaleza institucional no trae de vuelta al hiperpresidencialismo y los poderes metaconstitucionales propios de gobiernos autoritarios.
 
 

Al mismo tiempo, observamos a un PAN convertido en oposición y con importantes reveces electorales, incluida la pérdida de la presidencia --con un expresidente que abandonó sus filas y otro que vive en EU--.
 
 
Un partido que enfrenta una crisis --incluso de identidad-- con pugnas internas por el control de los pocos espacios que les quedan y sin brújula para enfrentar los problemas urgentes y estructurales. Por otra parte, el PRD como partido de 'izquierda' enfrenta también un reacomodo entre los grupos que pelean por cada uno de los espacios. Ahora sin la presencia de un líder moral y con la emergencia de nuevas figuras que intentan posicionarlo, pero sin una idea nítida de cómo enfrentar al presidente de la República.
 
 

Las discusiones entre la clase política --representada por líderes de los partidos nacionales-- son por decir lo menos cosméticas y sin grandes sobresaltos sobre las líneas generales del Pacto y sus consecuentes reformas. ¿Será que el interés particular de los partidos tendrá un peso mayor al interés nacional?
 
 
En todo caso, parecería fundamental preguntarnos si los partidos de oposición tendrán finalmente una visión responsable frente a las propuestas que, como legislador ha impulsado el Ejecutivo. Hasta el momento, percibimos una falta de respuesta de los institutos opositores como silencio de comodidad y preámbulo del rumbo que tomarán las negociaciones frente al inicio del periodo ordinario del Congreso de la Unión, con un 'halo de legitimidad'.
 
 

En las alianzas y negociaciones parece que la clase política no asumirá una visión crítica ante las reformas que vienen, porque no se vislumbra la aprobación de medidas que contribuyan a mitigar los grandes problemas nacionales: ni de pobreza, ni de exclusión social y mucho menos de seguridad. Y por el contrario, para las reformas más 'complicadas', tanto la hacendaria como la energética --ambas listas en el ámbito legislativo, mucho me temo para su aprobación sin obstáculos-- se contemplan mecanismos que impactan negativamente a los sectores menos favorecidos históricamente.
 
 

Las reformas están consensadas en el ¿Qué? pero falta un largo camino para arribar al ¿Cómo? Deberemos observar si los partidos de izquierda abandonarán las luchas históricas para defender --al menos discursivamente-- la propiedad del Estado sobre los recursos, como en el caso del petróleo y la energía eléctrica, o saldrán a la defensa para no gravar alimentos y medicinas. Incluso, parece interesante el posicionamiento de actores estratégicos dentro del PRI, que en su momento se opusieron a las propuestas de los Ejecutivos panistas cuando pretendieron gravar el consumo.
 
 

Y en el mundo al revés, será importante analizar que los ahora legisladores panistas defenderán algunas reformas que en su momento fueron congeladas en el congreso --probablemente por incapacidad de negociación--.
 
 
¿Será que los líderes de los partidos  políticos continuarán con reuniones en las que acuerdan líneas a seguir y consensan de manera poco transparente el futuro del país y de las reformas? ¿Será que en esas reuniones ya acordaron con el Ejecutivo ayuda por disciplina partidista?
 

¿Será que la oposición está más preocupada por mantener su espacio de comodidad que en constituirse como contrapeso del Ejecutivo? ¿No se supone que la normalidad democrática está definida por la discusión y el disenso, o acaso es que en nuestro país vivimos más bien una democracia de 'elite política' excluyente? ¿Cuándo se tomarán el tiempo de escuchar las opiniones que otros tenemos sobre los problemas nacionales?
 
 
Académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.
 

enrique.gutierrez@ibero.mx