Opinión

Aliado embozado de los transgénicos


 
La siembra de maíz transgénico en México tiene un aliado embozado en Enrique Martínez y Martínez, secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación. Mal disimula el secretario, con argumentos demostradamente falsos, que la secretaría a su cargo pretende autorizar la siembra de maíces transgénicos con fines comerciales.
 
El primero de sus argumentos, expuesto en Campeche la semana pasada: "Las autoridades sanitarias señalan que no hay ninguna evidencia en el mundo de que tengamos un problema de salud" con el consumo humano de maíz transgénico.
 
"No sé si sepan ustedes, dijo el funcionario, pero las millones de toneladas de maíz que se importan son genéticamente modificadas", o sea que "finalmente los mexicanos estamos consumiendo desde hace muchos años, muchos años, este maíz genéticamente modificado que viene del extranjero" y no pasa nada.
 
No pasa hasta que se haga evidente lo que esté sucediendo. La investigación científica dirigida por Gilles-Eric Séralini en Francia, mostró apenas el año pasado que ratas alimentadas toda su vida con maíz transgénico NK603 de Monsanto sufrieron cáncer y daños hepáticos y renales.
 
Por cierto, una de las solicitudes de autorización que tienen pendiente de resolver la Sagarpa y Semarnat es para sembrar esa variedad de maíz en un millón de hectáreas en el norte de México.
 
El segundo argumento del secretario es contra el riesgo de que la semilla modificada genéticamente "pueda quitar la fuerza o la subsistencia de las semillas nativas o criollas, lo que tampoco se da, según los científicos".
 
La contaminación de semillas naturalmente adaptadas a diferentes ambientes, que es en las que se sustenta 85 por ciento de las unidades agrícolas del país, es el mayor riesgo demostrado de la siembra de transgénicos en otras naciones.
 
La contaminación es también uno de los argumentos contenidos en los dictámenes contrarios a la liberación de maíz transgénico en México, emitidos por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), el Instituto Nacional de Ecología y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.
 
El secretario demuestra que lo sabe al contradecir su propio argumento de que no hay riesgo de contaminación de semillas criollas, cuando agrega que "desde luego que la reglamentación habla no de sustituir, sino de la posibilidad de sembrar las semillas genéticamente modificadas en zonas donde no hay la semilla nativa".
 
Reconoce el riesgo contaminante al contacto de transgénicas con semillas criollas, pero quiere hacer creer que en los más de 2 millones de hectáreas que se sembrarían ahora, no se usan semillas criollas en cientos de kilómetros a la redonda.
 
Tercer argumento del funcionario: "tener semillas más resistentes a las plagas disminuirá el uso de plaguicidas que envenenan los mares". Todo lo contrario. Más de 80% de las siembras de transgénicos en el mundo son por ser resistentes a agroquímicos cada vez más tóxicos, que producen las mismas empresas biotecnológicas. Los transgénicos usan más veneno por unidad de área del que jamás se había aplicado en la agricultura.
 
Quizás a eso se deba que sólo 10 países se han abierto francamente a esos cultivos; en ellos se concentra 98% del área plantada con transgénicos en el planeta.
 
Finalmente, el argumento predilecto de los interesados en la siembra de transgénicos también lo usa Martínez; dice que el campo tiene que elevar su competitividad, "tenemos que prepararnos para esta problemática de hambre que puede llegar a tener el planeta".
 
Sí, sólo que los transgénicos no están diseñados para elevar rendimientos sino para resistir agroquímicos de la propia Monsanto o plagas de otras latitudes, y se ensaya las que pudieran resistir sequías.
 
"Todos esos temas, concluyó Martínez, se están analizando no desde un punto de vista de ocurrencias o sensibilidades, sino con elementos científicos que nos permitan tomar la mejor decisión para los mexicanos".
 
No hay por qué menospreciar la sensibilidad. México es centro de origen del maíz, en torno al cual se cimentó una civilización original -la mesoamericana- que dio origen a otras. Es, aunque para el secretario parezcan ocurrencias, uno de los motivos de la indignación, dentro y fuera de México que causa la amenaza de los transgénicos contra el corazón mismo de la cultura, contra nuestra salud, nuestra alimentación, contra la biodiversidad y la naturaleza.
 
El maíz es como la piel de los mesoamericanos. Nadie con sensibilidad puede dejar de reaccionar al sentirlo amenazado. Está adentro en los poemas, la música, el arte, los conocimientos, en la sabiduría popular y hasta en los estudios científicos que Martínez quiere ignorar.
 
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