Opinión

Algunas reflexiones sobre enojo y venganza*

     
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Odio, venganza. (Shutterstock)

El enojo es una emoción compleja porque tiene dos dimensiones: por una parte es un elemento fundamental en la vida moral, para las relaciones humanas éticas y políticas. Es útil para defender y afirmar el derecho a ser respetados, y para protestar contra la injusticia. Por el otro lado, tanto en la tradición occidental como en la oriental, se considera una amenaza para las interacciones humanas por su potencial de destructividad. “Una herramienta valiosa pero peligrosa para la vida moral, proclive al exceso y al error, pero también fuente de contribuciones irremplazables.”

El elemento más problemático del enojo es su asociación cultural con la venganza o la retribución. Todo el libro de Martha Nussbaum es en esencia, una serie de reflexiones y recomendaciones para ser capaces de transitar del enojo al pensamiento constructivo que permita un bien en el futuro.

La subjetividad está presente en todas las emociones. Lo que despierta el enojo en usted es distinto que para otros, aunque hay fenómenos de la vida social como la injusticia, la desigualdad, la torpeza de los gobernantes, que unifican casi de modo unánime el sentimiento grupal de enojo.

Los valores y creencias se juegan en el enojo. De lo que usted considere importante, se desprenderán las causas de su enojo. Sus enojos hablan de su identidad y son desde esta perspectiva, un camino para el autoconocimiento.

Hay algunos que se enojan cuando los tratan como si fueran tontos, porque valoran la inteligencia. Otros más se enfurecen cuando les mienten, porque tienen severos problemas con la confianza. Ciertas personas no soportan que les traten como si fueran “cualquiera” pues tienen un sentido excesivo de importancia personal. Habrá quienes se indignen por el maltrato de las minorías y que manifiesten con este enojo una proyección de asuntos personales como los maltratos sufridos en carne propia y quizá también, en el mejor escenario, como una muestra de solidaridad humana.

Es frecuente descubrir de repente, que ha estado enojado con alguien durante mucho tiempo y que ese enojo escondido – “hirviendo en el corazón” como lo describía Aristóteles – ha influido en su conducta.

En terapia, uno de los asuntos a tratar es descubrir los enojos ocultos, que muchas veces están debajo de actitudes de indiferencia, de hostilidades pasivas, de falta de deseo, de estallidos de ira sin razón aparente, de silenciosas decisiones de establecer distancia creciente con alguien, muchas veces sin que usted mismo entienda porqué está resentido.

Buena parte de los conflictos en la vida sexual de las parejas, proviene de enojos no hablados ni resueltos que se manifiestan con falta de deseo y que en lo simbólico, son formas de cobrar venganza en la cama de lo que no se ha podido desenredar con palabras, comprensión y acuerdos.

Aristóteles define así el enojo: “Un deseo (doloroso) de una retribución imaginaria para cobrarse una humillación imaginada”.

Es de destacar el uso en la definición de las palabras imaginaria e imaginada, regresándonos a lo antes dicho: el enojo surge de percepciones subjetivas de humillación. Es una emoción que involucra dolor y placer. Su objetivo suele ser la persona que cree le ha lastimado de modo intencional sobre algo que considera importante.

En el enojo puede hacerse presente un sentido de devaluación personal, llamado “herida de estatus”: ¿Cómo pudo hacerme esto a mí? Se pregunta sobre todo quien sufre inseguridad personal y vulnerabilidad. Casi todo conocemos o quizá hemos sido esa persona insufrible que se enoja por cosas insignificantes, atribuyéndoles siempre una intencionalidad maligna que ataca su dignidad. Enojarse para defender un sentido grandioso de la dignidad, está más cerca de un rasgo narcisista que de una emoción congruente cuando hubo un atentado contra algo valioso.

El objetivo último del enojo es la miseria de los otros y se manifiesta en deseos de que el agresor sufra, se enferme, caiga en desgracia, o que sea infeliz para siempre o que se quede solo y sin el cariño de nadie.

Es popular pensar y desear que quien le ha ofendido, reciba su merecido como una retribución o venganza por la ofensa. Quizá y sin darnos cuenta, adoptamos el pensamiento mágico creyendo que el balance cósmico será restituido si el ofensor sufre.

Ejemplos de lo anterior son la pena de muerte, el asesinato de un asesino, la violencia contra los violentos.

Es necesario distinguir lo que le importa (que lo incluye a usted, a su círculo cercano y a sus valores) de las preocupaciones narcisistas enfocadas en su estatus (todo se trata de usted y de su orgullo o jerarquía). Una persona segura no verá una ofensa como algo que la denigra, aunque ser así de seguro es difícil.

Nussbaum plantea tres caminos para relacionarse con el enojo:

1.- El camino del estatus, que interpreta cualquier evento como un agravio en su contra.

2.- El camino de la venganza, que imagina que el sufrimiento del ofensor será de algún provecho.

3.- El camino de la razón, que actúa con sensatez y busca trascender. Puede incluir un castigo pero no como retaliación, sino buscando que algo mejore o que el mal se detenga.

El valor moral intrínseco de las cosas se pierde si todo se trata sobre la humillación que usted o quienes ama han sufrido: la violación es mala por el sufrimiento que ocasiona y no por la humillación que sienten los amigos y familiares de la víctima. Lo que deberíamos desear es un respeto radical por la dignidad humana de todas las personas, incluidos los agresores.

La función psíquica de pensar en venganza y retribución del mal es ayudarnos a lidiar con la pérdida y nuestra condición irremediable de impotencia frente a la seguridad y la vida de aquellos a quienes amamos. Por eso ocupamos nuestro tiempo y energía en demandar a un mal médico o en quitarle la custodia a un marido que nos maltrató, pero no es posible resucitar a los muertos ni un divorcio infernal restaura el amor que se perdió.

Los proyectos de venganza amenazan la felicidad y la paz futuras.
Elegir el camino de la transición significa enfocarse en lo general en vez de en lo particular y la búsqueda de bienestar para no perpetuar la rabia. Es la transición del enojo a la esperanza compasiva.

El sueño de Martin Luther King es quizá uno de los ejemplos más espectaculares de esta transición: El ideal de “Tengo un sueño”, no era atormentar o castigar sino sobre igualdad, libertad y hermandad; sobre trabajo, esperanza y reparación; sobre corregir la injusticia sin venganza, entendiendo que el dolor y la humillación del opresor no libera al afligido.

El enojo de transición tiene clara la indignación y que algo debe hacerse para resolver los conflictos mediante la cooperación. Un ejemplo reciente son los acuerdos de paz firmados entre las FARC y el gobierno colombiano.

La virtud de la “gentileza del temperamento”, es una forma de atraparse menos en las heridas narcisistas del ego, para lo cual es útil preguntarse qué diría un observador externo que no está personalmente involucrado en los eventos. Aristóteles proponía
asumir el punto de vista de quien nos ha ofendido, tarea titánica para un corazón enojado.

La persona de temperamento gentil no es vengativa y se inclina a la comprensión empática. A veces el agresor solo es culpable de negligencia o simplemente se equivocó. Entender a los adversarios , es la mejor forma de ser capaz de imaginar proyectos constructivos que los incluyan.

Tomarse a uno mismo con mas ligereza, reírse y jugar un poco con la vida, es una estrategia para ser más fuerte para vivir en el mundo con los otros.

El cambio siempre es posible, aún en los adultos. Séneca propone auto examinarse con paciencia para trabajar el enojo, persiguiendo no el éxito total en la tarea pero por lo menos un progreso modesto.

*Conceptos encontrados en el libro: Anger and Forgiveness: Resentment, generosity, justice (Enojo y perdón: Resentimiento, generosidad, justicia), Martha Nussbaum, Oxford University Press, 2016


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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