Opinión

¿Alguna palabra sobre
los asesinos?

  
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Periodistas

Exigir justicia en el caso del asesinato de Javier Valdez, de Miroslava y de tantos otros periodistas asesinados por el crimen organizado es un acto mínimo para honrar la memoria de quienes fueron cobardemente liquidados por criminales a quienes el trabajo periodístico de los victimados les era incómodo. El periodismo es una profesión de riesgo
–el cual pocos asumen–. Valdez y Miroslava eran valiosos porque iban a donde pocos fueron.

Ignoro si lo que prometieron hacer los gobiernos federal y de los estados en materia de protección a periodistas pueda tener algún éxito. Los gobiernos estatales están absolutamente rebasados en materia de seguridad y el federal hace agua por todos lados y ya ni se defiende. No se ve por dónde puedan cumplir aunque no hay que dejar de lado la buena voluntad, para que por lo menos den con los asesinos.

Es lamentable que periodistas que quieren ejercer su profesión no lo puedan hacer por las condiciones de seguridad en determinada localidad. También es seguro que si el periodista no puede llevar a cabo su trabajo, tampoco lo pueda hacer a plenitud el arquitecto, el contador, el que atiende una tlapalería, el cantante. Las condiciones de inseguridad en esas zonas son para todos los habitantes.

Es entendible la reacción de un gremio en solidaridad con sus compañeros asesinados brutalmente. Una gran parte de los periodistas realizan su trabajo en condiciones precarias. Se les paga poco y mal y, a veces, ni se les paga. Es un gremio que, como en diversos campos de la actividad humana, tiene amplias diferencias entre sí, pero a quienes une, en este caso, la tragedia.

Sin embargo, en toda su manifestación y justos reclamos hay cosas que llaman la atención. Rafael Pérez Gay dice, con precisión, que no vio en ninguna de las expresiones ni un solo reclamo al narco por haber asesinado a sus compañeros. Ni uno solo. Se entiende que el Estado es responsable de nuestra seguridad, pero también se entiende que los periodistas saben qué es lo que pasa con el crimen organizado, su capacidad de fuego y de acción. Culpar al presidente de todo es una tradición que nos viene de lejos. Peña no mata periodistas como sugieren algunos. Su incapacidad es otra cosa, pero su voluntad –si todavía tiene– está lejos de ser asesina. Algunos periodistas se convirtieron en jueces y se fueron, con razón, contra las autoridades pero,  ¿y sobre los criminales, sobre los asesinos, ni una palabra?

Entendiblemente las expresiones del gremio llegaron a las portadas y titulares, así debe ser. Quienes perpetraron el crimen deben de saber que ese caso no quedará olvidado. Lo mismo debería hacer el gremio cuando matan soldados, por ejemplo ¿Por qué eso no les indigna? ¿Por qué el asesinato de un soldado no les merece a los periodistas un #NiUnoMás? No. Ahí lo que se pide es investigar a los soldados. Algo está al revés cuando no hay reclamo abierto a los asesinos. Para satisfacción de los criminales, los 'civiles' volteamos a pelearnos entre nosotros, a 'debatir', no a condenarlos a ellos. Esto está de cabeza.

Twitter: @JuanIZavala

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