Opinión

Alemania abre
la puerta a otra crisis

Parecía que sólo tenían que esperar a que finalizara la bacanal de la cerveza conocida como Oktoberfest para que los alemanes dieran a conocer al mundo su real sentimiento de cómo están las cosas con la economía. Primero fue el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien la semana pasada en Washington acusaba a sus colegas europeos de ser demasiado laxos con sus políticas monetarias y fiscales mientras ellos, los alemanes, cuidan cada centavo. Austeros, son.

Pero esta semana tocó a los analistas financieros atizar al fuego de una posible recesión para Alemania, al publicarse el famoso Índice ZEW, que mide precisamente la percepción de estos analistas respecto de la economía. El índice mostró una caída dramática, para situarse esta semana en menos 3.6 unidades, muy por debajo del “cero” que se esperaba.

Este índice estaba en más de 60 unidades en enero, por lo que la caída de estos diez meses ha sido brutal. Infortunadamente para Alemania este indicador es sólo uno de otros que han sido reportados recientemente y que han salido también adversos: producción industrial, pedidos, exportaciones… Para colmo, el rendimiento del bono alemán a diez años cayó a niveles de 0.76 por ciento.

Pero la volatilidad de ayer no es sólo resultado del temor a una recesión en Alemania. Hay una multiplicidad de variables, entre las que juega un papel importante la determinación de Grecia de terminar por anticipado el rescate del que fue sujeto bajo las condiciones del Fondo Monetario Internacional. Los inversionistas temen que, si Grecia queda nuevamente autónoma, será incapaz de conseguir financiamiento por cuenta propia, y no seguirá el camino de austeridad que tuvo bajo la supervisión europea durante los últimos dos años.

Añádase a lo anterior el deterioro constante en el precio del petróleo, que difícilmente podrá sostener niveles por arriba de 80 dólares por barril si seguimos viendo jornadas de nerviosismo. Asimismo, parece que apenas ahora al mundo le ha quedado claro que Estados Unidos entró en una ruta definitiva de autosuficiencia de hidrocarburos y que cada día importará menos energéticos.

¿Cómo está parado México ante todo esto? Razonablemente bien. La buena noticia es la flexibilidad del tipo de cambio. Es nuestro amortiguador natural y, aunque puede presionarse, ajusta instantáneamente la realidad financiera global a la economía real, al nivel de calle. En adición, el constante, reiterado y permanente discurso de Hacienda en el exterior funge como el elemento básico de confianza para que el nerviosismo no se enfoque hacia este mercado. La solidez macroeconómica es notoria, aunque es imposible aislarse de la corrección de mercado que ha iniciado.

Twitter: @SOYCarlosMota