La inseguridad en la CDMX
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La inseguridad en la CDMX

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La inseguridad en la CDMX

06/07/2018
Actualización 06/07/2018 - 15:01

Los gobernantes emanados del PRD y el dizque apartidista Miguel Ángel Mancera no pudieron con el problema de la inseguridad pública, no obstante que contaron con la fuerza policiaca más grande del país, y tal vez la mejor pertrechada, pero, a la vez, una de las peores pagadas.

Ahora tocará el turno a Claudia Sheinbaum que, por cierto, si va actuar como lo hizo en la delegación, Tlalpan, pues el fracaso está garantizado, toda vez que como nunca la delincuencia se apropió de esa delegación.

Ojalá que la renuncia del incompetente Hiram Almeida como titular de la Secretaría de Seguridad Pública permita, con miras a la transición de gobierno en la capital del país, la gran limpia que se requiere en esa corporación, en virtud del contubernio de los altos mandos con los delincuentes.

En todas las delegaciones políticas los índices delictivos se han incrementado de forma alarmante, y eso que los registros oficiales no dan cuenta de innumerables delitos que no son denunciados por la ciudadanía, pero que calan en lo más profundo de una sociedad que está a merced del hampa.

La penetración de los cárteles de la droga en el sur de la ciudad es alarmante, ya que por lo menos en Tláhuac, Iztapalapa, Tlalpan, Coyoacán y Xochimilco han sentado sus reales con la complacencia de los jefes de sector, quienes definitivamente están coludidos.

Los asesinatos, secuestros, asaltos a mano armada con violencia a casa habitación y negocios, cobro de derecho de piso y el robo de vehículos son hechos cotidianos y que se han incrementado por una simple razón: la complicidad de las autoridades con los delincuentes.

Qué bueno que se va el PRD del Gobierno de la CMDX, qué bien que salió Almeida, quien por cierto, cínicamente, declaró a su salida que se siente orgullosos del desempeño y resultados, así como por el combate frontal a la delincuencia, cuando la realidad es otra.

Cierto, hay más elementos honrados y comprometidos con su tarea, que los malosos, pero también es una realidad que con los reducidos emolumentos que perciben, el nulo reconocimiento por la sociedad y las magras prestaciones, pues están a merced de que el hampa los coopte y los contraten a su servicio.

Ojalá que con el nuevo gobierno se revierta la inseguridad y se cumpla con la obligación fundamental que tiene el Estado, de proteger a los ciudadanos.

Hay innumerables tareas por delante para profesionalizar a los cuerpos policiacos, al tiempo de hacer una gran limpia entre los mandos superiores para que comience a funcionar cabalmente la SSP.

Para empezar, todos los mandos superiores deben retirarse de sus cargos y los relevos deben ir soportados por la aprobación de las pruebas de confianza y niveles de profesionalización aceptables.

La misma tropa está hasta la madre de sus jefes, quienes los obligan a delinquir y a extorsionar a los ciudadanos.

Hemos escuchado, de vida voz, a elementos comprometidos con su labor, pero que en su trabajo enfrentan dificultades al por mayor, ya sea en la calle o al interior de la corporación.

De inmediato merecen ganar más, al tiempo que requieren el respaldo y el respeto de la sociedad a su trabajo.

Hay que decirlo, son más los policías que están dispuestos incluso a jugarse la vida que los corruptos, pero por lo menos requieren, dicen ellos, tener las prestaciones de seguridad social, para dejar amparados a sus familias.

Menuda tarea espera a Sheinbaum para combatir la inseguridad en la metrópoli; veremos si sus promesas se cristalizan o sólo fueron buenos deseos para embaucar a los bobos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.