La democracia interna en el RIP
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La democracia interna en el RIP

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La democracia interna en el RIP

17/07/2018
Actualización 17/07/2018 - 13:55

Después de los resultados de la elección del 1 de julio, el PRI (RIP) entra a una etapa de su historia que será crucial para su supervivencia como un partido competitivo. Para ello, el presidente Peña Nieto debe soltarlo para que inicie un auténtico proceso de refundación.

Con el mayor rechazo por parte de los electores, el tricolor arrastra el desprestigio ganado a pulso por los malos gobiernos que han hecho sus militantes, y en ese sentido apostarle a una marca que apesta es tirar a la basura los recursos tanto humanos como económicos.

Por ello debe darse un periodo de transición en el que primero se renueve la actual dirigencia, mediante un proceso democrático; segundo, establecer una agenda nacional para valorar la conveniencia de refundarlo. Este camino sería el más práctico para no perder las prerrogativas y otros privilegios; sin embargo, de poca cosa serviría si de todas formas quedaría el estigma.

La otra alternativa es acabar con el Revolucionario Institucional para dar paso a una nueva fuerza política que, en primera instancia, debe estar dirigida por militantes impolutos y de sólido prestigio, al tiempo de contar con un liderazgo real entre la sociedad y con ello construir una opción ganadora en la elección de 2024 y por supuesto en las elecciones intermedias.

Dirán algunos que qué caso tendrá desaparecerlo si aún conserva el registro y puede recomponerse en el futuro, después de que termine la luna de miel que existe entre Andrés Manuel López Obrador y la ciudadanía, y tienen toda la razón. Sin embargo, insistimos, es casi imposible revivir a un muerto.

Como se recordará después de las derrotas en 2000 y 2006, nadie apostaba porque el RIP recobrará en poder, ni siquiera en el largo plazo, pero apareció en el escenario político nacional un carismático personaje que logró el milagro de ganar la elección presidencial de 2012 y con ello darle tiempo extra a ese partido.

Aunque el sueño terminó y se convirtió en una abominable pesadilla.

Los optimistas creen que con otro extraordinario candidato, como lo fue en su momento Enrique Peña Nieto, podrían revivir al moribundo; otros, en cambio, ven que no tiene caso ponerle en la espalda una losa pesadísima a ese supuesto personaje, sobre todo si puede caminar rumbo a la victoria sin el RIP.

Mientras son peras o son manzanas, por lo pronto René Juárez Cisneros ha dejado el CEN del PRI y queda al frente Claudia Ruiz Massieu, tan sólo para ver qué se decide en el Olimpo, conformado por un presidente en funciones y otro etiquetado como el innombrable. Craso error.

Debe darse la renovación total, incluyendo a Claudia y a la totalidad el CEN, así como todos los colaboradores de primer nivel.

Paralelamente a esta decisión, cada vez se consolida más el grupo de los 12 gobernadores priistas que estarán en sus cargos todavía por varios años, entre los que destacan Alfredo del Mazo, del Estado de México; Quirino Ordaz Coppel, de Sinaloa, y Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí, quienes no sólo son hábiles en eso de aglutinar voluntades, sino en construir puentes con adversarios políticos.

Y también están las exiguas bancadas tricolores en el Poder Legislativo, aunque, salvo honrosas excepciones, como es el caso de Jorge Carlos Ramírez Marín, poco aportarán en esa refundación.

Las amenazas que enfrenta el RIP son enormes, ya en su seno, ya en el exterior, por la abrumadora fuerza que tendrá Morena en todo el país.

Así las cosas, la democracia interna debe ser la regla de oro para conformar una nueva dirigencia que prepare el camino que mejor convenga a los intereses de ese partido.

Insistimos, si Peña y Salinas de Gortari no sueltan al partido y lo dejan reinventarse sobre sus cenizas, pues al rato ya sólo quedará su presencia en los libros de historia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.