Héroes anónimos y desamparados
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Héroes anónimos y desamparados

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Héroes anónimos y desamparados

09/05/2018

Otro elemento acribillado en la CDMX en el cumplimiento de su deber. Una policía que fue asesinada a mansalva, ahora se le vela y se le hacen todos los honores por una corporación policiaca que sufre los embates de los delincuentes, y por desgracia de la misma sociedad que los agrede verbal y físicamente, pero sobre todo con la descalificación y el descrédito.

Nadie negará que en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) son más los buenos elementos que los que están podridos. Lamentablemente la tropa, en la mayoría de los casos, recibe órdenes de mandos corruptos y coludidos, incluso con el crimen organizado.

Por culpa de unos, pagan todos.

A pesar de las promesas, tanto de las actuales autoridades encabezadas por un tránsfuga llamado Miguel Ángel Mancera y ahora por José Ramón Amieva, como de los candidatos a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, los policías están en el total abandono, con sueldos de miseria, con prestaciones ridículas y desprotegidos legalmente.

Los delincuentes están más protegidos que los propios elementos de seguridad.

Sólo un dato: cuando un elemento es separado de su cargo, aunque se compruebe su inocencia, ya no puede reintegrarse a la corporación.

Así es, cada vez son menos los ciudadanos que los respetan y mucho menos los que sienten orgullo por ellos.

La oficial abatida en el cumplimiento de su deber, Margarita Rivera, llevaba 17 años de policía y no obstante ello su sueldo era miserable, no mayor a 7 mil pesos mensuales; no obstante ello, diario salía con la consigna de proteger a la sociedad, sin importar que en ello iba de por medio su vida.

Deja un hijo en orfandad al que las autoridades le garantizan desde hoy educación y cuidados, que con el paso de los meses se constatará que sólo fueron promesas. Las declaraciones y promesas de Hiram Almeida, titular de la SSP, se contrastarán con los hechos.

En cinco meses de este año, van 10 elementos muertos en confrontaciones con el hampa y otros 15 resultaron heridos, varios de ellos con lesiones de gravedad.

Cierto, cuando nos cruzamos con un policía padecemos de cierto temor, y eso se debe a todos aquellos maleantes con uniforme; en contraparte, la mayoría de la gente también tiene gratas experiencias en su trato cotidiano con los uniformados.

Me llama la atención que ni Sheinbaum ni Alejandra Barrales han hecho nada por paliar la situación de los policías desde las trincheras en donde han estado.

Una, en Tlalpan, se hizo de la vista gorda con ellos y sobre todo con los delincuentes que se han apoderado de esa delegación; y la otra, desde el Poder Legislativo, tanto local como federal, no impulso alguna iniciativa que combata a los criminales y mucho menos que ampere a los buenos elementos.

Pero eso sí, ahora en campaña, prometen que van abatir los índices delictivos y que van a convertir a la CDMX en las más segura del país. Si tuvieran tantita dignidad deberían renunciar y pedir perdón.

¿Cuántos más van a caer para que las autoridades los rescaten de la marginación social y económica? ¿Cuántos niños y viudas tendremos que consolar con migajas?

¿Cuántos desempleados engrosarán las filas de la policía, que desesperados por ganar unos pesos ponen en riesgo sus vidas?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.