Gesto positivo de AMLO
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Gesto positivo de AMLO

06/12/2018

Bien por el presidente López Obrador de sacar a los llamados superdelegados de las mesas de seguridad de las entidades. La acción representa un punto de quiebre en la forma de gobernar que ha impuesto el tabasqueño desde el periodo de transición, y que ahora en el ejercicio cabal de sus funciones como Presidente de la República ha dado muestras de sensibilidad política.

El hecho no lo vería como una cesión, sino como un gesto solidario a los reclamos de los gobernadores, quienes fueron respetuosos, sin claudicar en la demanda de retirar a los delegados estatales como secretarios técnicos en las coordinaciones de seguridad.

También habla de que el Presidente, contrario a lo que se piensa y a lo que ha mostrado, no se obstina en acciones de poder de su gobierno, al contrario, dio muestra cabal de respetar el marco constitucional que le da plena autonomía a los estados y a sus gobernadores.

Este acuerdo entre AMLO y la Conago consolida el federalismo, al tiempo de tender un puente dorado con los jefes del Ejecutivo estatal.

Este suceso sirvió para atemperar el ánimo caldeado que ya algunos gobernadores mostraban, como Enrique Alfaro, de Jalisco, o Silvano Aureoles, de Michoacán, además de, ya como jefe del Ejecutivo federal, establecer no sólo un diálogo constructivo, sino de plano preservar el orden constitucional y el sistema democrático y también apuntalar la gobernanza plural, pues no quieren revivir épocas pasadas donde, ante un presidencialismo imperial, los mandatarios estatales y alcaldes siempre daban como respuesta: “Sí, señor presidente”.

Qué bueno que en estos tiempos, donde se habla de cambio de régimen, los gobernadores levanten la voz y hagan respetar su investidura, lo cual no quiere decir que se opongan o se rebelen a la autoridad federal, pero sí que se respete la autonomía que la Constitución les confiere como mandatarios electos.

Por lo demás, hay que recordar que la Conago, que formalmente inició sus trabajos en julio de 2002, surge como una instancia de interlocución que permita a los gobernadores realizar planteamientos, propuestas y posicionamientos que emanan desde el seno de todas y cada una de las entidades federativas, y desde ese organismo los estados se comprometen a impulsar, a sumar fuerzas y trabajar conjuntamente por el bienestar de México.

Hoy dijeron “no” en el tema de los superdelegados y con ello no significa que le torcieron la mano al Presidente, sino al contrario, todos ganaron y evitaron un desencuentro que pudo tener consecuencias desastrosas.

De hecho antes de la reunión se escuchaban voces de gobernadores, sobre la posibilidad de llevar el caso a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y si no les daba la razón, incluso poner en el radar el separatismo o la independencia.

La Conago ha tenido a lo largo de su existencia claroscuros; sin embargo, ha estado a la altura de las circunstancias cuando se requiere, así paso en el sexenio de Felipe Calderón, de Peña Nieto y ahora con López Obrador, en ciertos momentos saben actuar con valentía, anteponiendo el interés de sus gobernados.

Falta ahora ver si a los superdelegados se les deja meter la mano en los procesos electorales, con eso de que van a manejar los recursos de los programas sociales del nuevo gobierno, pues todavía se mantiene la tensión; aunque con el acuerdo logrado con Andrés Manuel López Obrador se abre un campo fecundo para el diálogo, el respeto y los acuerdos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.