El Senado pone el ejemplo
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El Senado pone el ejemplo

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El Senado pone el ejemplo

07/09/2018
Actualización 07/09/2018 - 14:29

La austeridad, si bien es cierto que tiene que ver con ahorros significativos, también es una realidad que la asignación de esos recursos a programas asistenciales puede constituir un dispendio, si no repercute en mejorar la calidad de vida de la población que vive en condiciones de pobreza y marginación.

Es decir, de nada serviría el plan de austeridad si el dinero público ahorrado no se destina a incorporar a los sectores más necesitados al círculo virtuoso de la productividad. No se trata de dar limosnas, sino de incrementar las fuentes de trabajo.

Mientras ello sucede, resulta plausible los realizado en la Cámara alta, ya que de las promesas pasaron a los hechos en el tema de la austeridad al ajustar su presupuesto a la baja en un 30 por ciento, acuerdo suscrito por todas las fuerzas políticas e impulsado por la bancada de Morena; con ello se eliminan los privilegios que tanta molestia provocan entre la ciudadanía.

El senador Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política en ese órgano deliberativo, apuntó que el acuerdo de austeridad es la base jurídica y legal para iniciar un proceso de sobriedad, de moderación, de eliminación de privilegios, y con ello se da el ejemplo a los otros Poderes de la Unión y otros poderes autónomos para que actúen con autolimitación.

El también coordinador del grupo parlamentario de Morena informó que tan sólo en los cuatro meses que restan del año, el Senado ahorrará, por lo menos, 600 millones de pesos con la eliminación del estímulo por evaluación del desempeño; la enajenación de vehículos asignados a los servidores públicos; gasolina; vales de despensa; pago de servicio de telefonía celular; asistentes personales; el seguro de separación individualizada, y otras partidas como el complemento de aguinaldo, reducción de viajes internacionales, peluquería, comunicación social y publicaciones.

“No puede mantenerse un Senado rico con un pueblo pobre, se elimina, se concluye, se termina la casa de los privilegios, ya no más castas, ya no más clase privilegiada”, advirtió el legislador.

Con estas medidas y las que hará la Cámara de Diputados, el Poder Legislativo tendrá el reto de demostrar que se puede ser productivo con menos recursos presupuestales.

Veremos en el balance final del propio trabajo legislativo si efectivamente los senadores y diputados alcanzaron un nivel de productividad, por lo menos igual a las legislaturas anteriores, aunque ya de entrada han dado un paso significativo y solidario con la sociedad que clamaba a gritos ese recorte presupuestal.

Deben acabarse los privilegios de los servidores públicos y éstos, acostumbrarse a vivir en una honrada medianía, como lo dijo el Benemérito de las Américas: “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala”.

Esta máxima de Don Benito Juárez debe ser la regla de oro de todos los servidores públicos y más con la alternancia del poder y con un presidente de la República que ha enarbolado la bandera de la austeridad, pues debe haber un cambio de paradigma que modifique el comportamiento y la forma de vivir de los altos mandos de la burocracia.

Bien por la austeridad y mejor por la reducción de sueldos.

Ahora toca el turno al Poder Ejecutivo para echar andar su plan de austeridad, que por lo anunciado por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador se vislumbra más relevante que el efectuado por el Legislativo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.