El puente dorado
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El puente dorado

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El puente dorado

22/06/2018
Actualización 22/06/2018 - 10:53

Una de las mayores pifias del llamado Joven Maravilla ha sido pelearse con el presidente de la República, y con ello cerrar totalmente la posibilidad de que sea su sucesor.

En la ruta para ganar la elección presidencial se tiene que tender un puente dorado entre el candidato y el presidente de la República, en donde fluya la comunicación, los acuerdos y la transición.

Este puente dorado lo construyó Vicente Fox con Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto con Felipe Calderón; y ahora ya lo tienen José Antonio Meade y, por supuesto, López Obrador.

En cambio, Ricardo Anaya se ha dedicado a torpedear la relación, a grado tal que ahora amenaza con meter a la cárcel al jefe del Ejecutivo federal.

Craso error que no sólo frustró sus aspiraciones, sino que la acusación que existe en la PGR en su contra llegará hasta las últimas consecuencias.

Todo esto lo saben sus aliados de otros partidos y, por supuesto, los propios panistas que ya se resignaron a perder.

Si no me cree, habría que observar como, por ejemplo, el mal llamado Jefe Diego, Santiago Creel, Jorge Castañeda y otros, están convencidos que mientras más se alejan del huésped de Los Pinos, se ve más remota la posibilidad de ganar.

En contraparte, el colmillo retorcido de Andrés Manuel López Obrador sale a relucir por encima de Anaya, ya que el tabasqueño ya construyó ese puente dorado con Peña Nieto.

La altura de miras y la capacidad del estadista se observan en las decisiones que cambian el rumbo de la historia y, por desgracia para Anaya, estas cualidades no son propias de un ADN conformado por la traición.

Mientras llega la hora de confirmar esta tesis, vamos al último desaguisado de Ricardo, quien con lenguaje cantinflesco de un candidato que no pudo ser presidente, intentó aclarar lo inexplicable ante sus nuevos correligionarios, los de la izquierda progresista, quienes ahora le exigen enmendar su posición retrograda en torno a uno de los temas centrales de su agenda, el aborto y el matrimonio igualitario.

Ante miembros del Frente Nacional por la Familia, El Cerillo, mote impuesto desde el Senado, quiso congraciarse con la postura del PAN en torno a dos temas controvertidos; sin embargo, al hacerlo, sus aliados del PRD y MC se colgaron de las lámparas y de inmediato pintaron su raya, con lo que sin duda se debilitará aún más esa coalición rumbo al 1 de julio.

Ideológicamente, tanto Ricardo Anaya como Andrés Manuel López Obrador padecen por las posiciones encontradas de sus aliados, mismas que fueron señaladas oportunamente cuando se anunciaron las alianzas políticas respectivas: PAN con el PRD y Morena con Encuentro Social.

Sólo basta echar un vistazo a las plataformas electorales de estos cuatro partidos para darse cuenta de que las alianzas están conformadas inversamente a ellas.

Sólo algunos temas en donde las posturas son radicalmente opuestas: derechos de la comunidad LGBTTTI; seguridad y drogas; economía; religión, y mujeres e indígenas.

Pero ese no es el tema de esa colaboración, sino la forma en que Ricardo Anaya se va quedando sin aliados y con la enorme carga en sus hombros de llevar una coalición ganadora al precipicio.

La toma de decisiones que ha hecho con sus compinches, dejando fuera a las cúpulas del PRD y MC, así como a aliados estratégicos y militantes, como son los propios gobernadores del blanquiazul, ha aislado a Anaya en una burbuja que de tanto golpeteo de fuego amigo y por supuesto de sus adversarios políticos, está a punto de romperse como ya pasó con el puente dorado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.