El dilema y la solución
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El dilema y la solución

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El dilema y la solución

01/06/2018

Hay grandes sectores de la población que están ante el dilema de querer votar por José Antonio Meade, pero aborrecen al PRI. No soportan la idea de darle su respaldo a un partido que creen es la causa de todas sus desgracias.

Ante este conflicto, nos dice Luis Castro Obregón, presidente nacional de Nueva Alianza, la solución es muy sencilla, votar por este partido y con ello se respalda a Meade y a un partido que entre sus principales banderas de campaña es precisamente la educación de calidad, gratuita y laica.

Ya superado el tema de la maestra Gordillo por su defenestración desde hace varios años, por traición y malversación de fondos al magisterio, Nueva Alianza vive una nueva etapa de expansión y crecimiento que, al margen de los resultados del 1 de julio, su dirigencia estima consolidar, ya sea como integrante de una coalición de gobierno comandada por José Antonio Meade, o como un partido fuerte desde la oposición, ejerciendo una función real de contrapeso al gobierno en turno.

En cualquiera de los escenarios, resulta una opción sumamente atractiva para el electorado, a decir de Castro Obregón.

Ciertamente, los temas de moda entre la gente son las elecciones y el Mundial de futbol; en el primero, todos dan disímbolos puntos de vista. Dependiendo de la información que tienen y de sus filias y fobias, se inclinan por determinado candidato, y muchos de esos ciudadanos enfrentan el dilema planteado en esta columna. Y del futbol, ahí todos somos directores técnicos.

Por la trascendencia del tema para los mexicanos, nos explayaremos más en el rubro electoral. Meade es el mejor candidato y goza, entre la opinión pública, de ese reconocimiento, inclusive hasta en las filas de sus adversarios se resaltan sus cualidades; pero aun a sabiendas de esas virtudes, el rechazo es casi en automático si se le asocia con las siglas del partido tricolor.

El exsecretario de Hacienda se sacó la rifa del tigre con un partido, el PRI, que le impuso una cadena de mando de inmediato y una losa pesadísima sobre su espalda. Con ese hándicap en contra lleva a cabo una campaña con la bandera de candidato ciudadano, sólo que con una imagen ensuciada por el partido tricolor.

También, hay que decirlo, hay cuadros priistas en todo el país que ciertamente aborrece a esos priistas corruptos que han sido un lastre para la sociedad, para la burocracia, para el Estado mexicano y hasta para el partido que los cobijó para ocupar algún cargo público, ya que por su culpa la ciudadanía ha puesto en el mismo costal a todos, etiquetando por igual a todos.

Pocos, muy pocos, quieren saber si el PRI ha contribuido al desarrollo del país, los actos corruptos de unos cuantos mataron toda ilusión de sus militantes, seguidores y ciudadanos en general, de ahí que el dilema a estas fechas de este sector de población sea por quién votar, si tampoco otras opciones partidistas, como las de Morena, el PAN o PRD, les resulta una mejor opción; y en ese escenario las mediciones de opinión pública proyectan que dos terceras partes del electorado no comulgan con los ideales y propuestas del puntero en las encuestas.

En fin, en un sistema dominado por las siglas de partidos, no hay mucha tela de donde cortar; pero sí de opciones se trata, sin duda, será cruzar la imagen de Nueva Alianza a la hora de reflexionar frente a la boleta electoral. Ya lo dijimos, será un complemento o contrapeso en la gobernanza, pero también en el Legislativo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.