Absolutismo
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Absolutismo

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Absolutismo

04/07/2018

En la euforia por la contundente victoria de AMLO, no se ha analizado el impacto en la vida institucional y democrática que tendrá el haberle entregado el país sin condiciones, ya que no sólo detentará el control total de los poderes Ejecutivo y Legislativo, sino que también poseerá una ascendencia directa en el manejo de los llamados poderes fácticos.

Andrés Manuel López Obrador podrá hacer y deshacer a su gusto. Todo el entramado institucional del Estado lo tiene a su disposición, aunque claro faltaría ver qué opinan los integrantes del Poder Judicial, que en este ominoso escenario les correspondería jugar un papel fundamental en los contrapesos necesarios para mantener a un régimen democrático.

El poder absoluto que la mayoría de los mexicanos le entregó representa un suceso inédito en la historia de los regímenes políticos del siglo XXI, ya que por la vía pacífica y democrática se emigró a prácticas de gobiernos que se creían ya extintas, como el absolutismo, que es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible e inalienable.

“Los actos positivos del ejercicio del poder (legislación, administración y jurisdicción) se apoyaron en la última instancia de decisión, en la monarquía. Del monarca emanaban todos los poderes del Estado, lo que implica la identificación de la persona del rey absoluto con el propio Estado”.

Con casi todos los instrumentos de poder del Estado, si quiere, por ejemplo, puede perpetuarse en el poder como lo han hecho Nicolás Maduro, en Venezuela, o Daniel Ortega, en Nicaragua.

Ya no es un cliché de campaña, es una abominable realidad.

La ciudadanía que votó por él está de júbilo y con razón, luego de echar al huésped de Los Pinos y al PRI, se lo merecían, empero se le entregó la iglesia a Lutero.

No se trata de fobias ni de filias, sino de llamar la atención sobre un tema que resulta fundamental en la viabilidad del país.

Enrique Quintana propone como contrapeso del Ejecutivo una sociedad actuante, que debe desempeñar un papel fundamental en el próximo gobierno, si así fuera sería extraordinaria esa aportación y de enorme valía.

Los llamados poderes fácticos, como el de los empresarios y dueños de los grandes capitales, están shockeados e impactados por el tsunami, además de que no tienen el valor para enfrentar al poder absoluto. Desde la campaña ya mostraban temor, no obstante que en varias ocasiones fueron agredidos, prefirieron el silencio.

En cuanto a los medios de comunicación, que son fundamentales para ejercer un contrapeso real, pues los dueños también están ante un panorama incierto y desolador, ya que las concesiones del Estado se pueden terminar, además de que el uso discrecional de la publicidad gubernamental los va a poner contra la pared, incluyendo a los impresos, y si no basta, el Estado tiene otras maneras de hacerlo.

Así las cosas, que bueno que hubo alternancia, pero que malo que se dio demasiado poder a una persona. El poder embriaga, es avasallador. No hay persona que resista tantas alabanzas y elogios, a grado tal que puede sentirse el elegido, el mesías.

En verdad sería toral en el sexenio de Andrés Manuel que mantuviera los pies en la tierra, en benefició de él y del propio país.

Como nunca, los ojos de la comunidad internacional están puestos en un país que tendrá un régimen que surgió de la democracia para virar hacia el absolutismo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.